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Una semana de paciencia
Es probable que si tuviese la información requerida para opinar a fondo sobre los más recientes acontecimientos vinculados al deporte nacional y sus victorias en ámbito mundial, escribiría sobre aquello, tratando de salir de la rutina del “análisis” político, casi siempre lleno de matices oscuros y de sombríos personajes ídem.
Estoy seguro, estimados lectores, que coincidirán ustedes conmigo en que Richard Carapaz tiene más merecimientos para ser objeto de un comentario que algunos otros que por sus actos delincuenciales acaparan las columnas de opinión. Igual ocurre con múltiples deportistas que con disciplina y esfuerzo propio recientemente le han otorgado medallas de oro y plata al Ecuador.
En otros ámbitos, ni qué decir del alegrón que nos ha proporcionado el querido Carlos Rubira Infante, consagrando por su intermedio a nuestra patria en el Salón de la Fama de los Compositores Latinos. Toda una larga vida dedicada a poner su fecunda inspiración en la composición de temas que se volvieron eternos, inmortales y que son himnos populares.
En todo caso, tengamos paciencia una semana. Es de esperar que el presidente Moreno asuma las inquietudes ciudadanas y nos aliente con un buen gabinete remodelado. Bien sé quién ganó las elecciones y por ello Alianza PAIS tendría derecho a poner a los suyos en el Gobierno pero esa es una visión burocrática que olvida los destrozos causados por el partido que “ganó las elecciones.” Han dejado en tal calamidad a la República que ahora hace falta un gran esfuerzo conjunto para tratar de sacarla del bache. Ello requiere una gran minga de los mejores ecuatorianos, prescindiendo de que sean o no afiliados a partidos. Lo importante es que sean patriotas honrados, conocedores de los temas que se les va a encargar. No están las cosas para visiones sectarias, aparentemente ideologizadas que, a nombre de un “proyecto”, asaltaron los bienes de la nación y ahora deben pagar por ello.
Lo demás sería más de los mismos y el pueblo ya tiene colmada su paciencia frente a los culpables de un estado de cosas que no puede quedar en la impunidad.