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Robos, inseguridad y proteccion
En el mundo, en Latinoamérica y el país, el crecimiento y expansión urbana son una realidad. No es un virus ni epidemia. Es un signo y evidencia de que las ciudades crecen hacia cualquiera de los puntos cardinales. No hay urbe que no incremente su población. Así aparecen nuevas ciudadelas, barrios y las “ciudades satélites”.
La mayor concentración de habitantes de una ciudad no trae solo problemas de administración pública de los gobiernos provinciales y cantonales. Va más allá. Tiene que ver con ese proceso que se llama “nueva vida urbana”, entendiendo por tal el conjunto de nuevas relaciones sociales y humanas que modifican las pautas de conducta.
Los urbanistas dicen que este proceso trae aparejado, con sus respectivos defectos, nuevos hechos, fenómenos y problemas sociales de estas ciudades en crecimiento y expansión. Los más graves se refieren a los servicios públicos, especialmente la transportación, salud, educación, vivienda, etc. Pero hay uno que preocupa a todos los investigadores de este proceso: el ascenso de la inseguridad, que junto a la delincuencia, la drogadicción y otros aspectos de este nuevo modo de vida inquietan a sus habitantes.
Para combatir esta situación se ensayan distintos métodos y caminos: mayores fuerzas policiales, seguridad privada, tecnificación de la vigilancia, etcétera.
Sin embargo, al que más se acudió en las últimas tres décadas en Guayaquil fue a la erección de muros en ciudadelas, que se cercan y encierran. Es posible que tal medida les proporcione transitoria seguridad a quienes optan por esta vía. Los robos que se dan en esos sitios amurallados parecen despejar dudas respecto a esta modalidad. Lo cierto es que con esas medidas de protección o sin ellas, las amenazas de robos y atentados a la propiedad privada siguen.
Vigilarlos y combatirlos no es solo tarea de las fuerzas de seguridad. También es de una nueva disposición ciudadana respecto a la visión de cómo vivir bajo las nuevas amenazas en las urbes que se expanden y crecen con visión moderna. En otras palabras, a mayor modernidad, mayor inseguridad. Por eso es preciso que la ciudadanía que habita en esas microurbes, reflexione sobre este problema. Que lo haga no únicamente como un tema de conversación sino como una nueva forma de aprender a vivir y a protegerse de la inseguridad que asedia su vida cotidiana.