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Rehabilitarse de la adiccion, una lucha cara y resbaladiza
Según tres centros privados, solo uno de diez lo consigue. Salud, que prioriza la atención ambulatoria, dice que el 70 %. El valor va de $ 2.000 a $ 20.000 al año

Alexander aspiró H por primera vez a los 14 años y a los 15 ya era adicto. Hoy, a sus 18 años y con una apariencia que lo hace ver frágil y al menos diez años mayor, este guayaquileño del sur de la ciudad que se volcó a las calles y hasta llegó a prostituirse, tras cuatro intentos fallidos, pretende ahora salir de aquel mundo que, dice, ha resultado ser más duro que la pobreza.
Alexander lleva internado ya cuatro meses en la Clínica de la Conducta, ubicada en la ciudadela Miraflores, y esta es la primera vez que conscientemente ha jurado no querer volver a drogarse. “Caí tan bajo que viví en las calles con gente que aún ‘volado’ me daba miedo, fui un zombi, perdí los sentimientos y estuve por más de un año ofertando mi cuerpo a hombres cada vez más dañados. Hoy estoy intentando ser diferente...”. Quiere lograrlo..., pero reconoce que es difícil.
En Ecuador, pese a que no existe un estudio que lo corrobore, según el Ministerio de Salud Pública (MSP), el 70 % de los consumidores logra rehabilitarse, aunque especialistas y directores de clínicas privadas locales difieran y hasta consideren dicha estadística absurda.
En la zonal 8 desde 2013, según publicó EXPRESO en agosto pasado, el MSP ha atendido a un promedio de 2.800 jóvenes adictos por año en sus 87 Centros Especializados de Tratamiento para consumo de alcohol y otras drogas (Cetad). Y de ese total, cuyos pacientes en su mayoría han recibido tratamiento ambulatorio, a decir de Luis Guerrero, responsable de salud mental del distrito 09D01, el 70 % ha logrado culminar sus terapias (que duran entre 6 y 9 meses) y reinsertarse a la sociedad, lo que a su juicio califica como rehabilitado.
En el resto de centros las estadísticas que se barajan son más bajas. La Unidad de Conductas Adictivas (UCA) del Instituto de Neurociencias, que desde su creación (2010) ha atendido a 1.300 consumidores, así como la organización Por un Futuro sin Drogas, creada en abril, y las cifras otorgadas por José Salinas, máster en adicciones, coinciden en el hecho de que apenas 1 o 2 de cada 10 adictos logra estar limpio por un año o año y medio, que es el tiempo promedio que le dan seguimiento técnico a los pacientes. La Clínica de la Conducta apunta, en cambio, a 5 recuperados de cada 10.
Ante tal realidad, los expertos consideran los números que maneja Salud un tanto irreales, puesto que incluso a nivel global las cifras son bajas, y más aún porque salir del oscuro mundo de las drogas es aún hoy una lucha titánica. “Es posible que ellos estén solo tomando en cuenta el registro de personas que ha culminado con el proceso de desintoxicación, mas no el que tras la salida ha recaído”, piensa Julieta Sagnay, propietaria de la Clínica de la Conducta.
Y es que para evitar recaídas, explica José Alejandro Valdevila, jefe de la UCA, hoy por hoy es necesario no solo no querer volver a consumir, sino mantenerse alejado de su entorno. Es decir, de ese barrio y los amigos dónde y con quiénes empezó su adicción, y de esa casa llena de maltrato que posiblemente lo orilló a usar las sustancias.
Siete de diez jóvenes en proceso de rehabilitación con los que este Diario conversó, por ejemplo, no lo habían logrado. De hecho este era su tercer o cuarto ingreso a una clínica, ahora privada. Ellos, que no superaban los 19 años de edad, habían reincidido porque en su hogar había otros miembros consumiendo o porque hubo quienes -en la calle- los alentaron a inhalar un pase. También hubo casos de drogodependientes que recayeron porque en los sitios donde se refugiaron -clandestinos- los sanaban a punta de golpes. Y eso, delataron, los volvía más rebeldes.
“La primera vez que mi hijo recibió ayuda fue de un centro público, pero no hubo mejora porque pese a lo mal que estuvo (dos veces convulsionó) se limitaron a darle charlas y sueros. La segunda vez, ante los costos y por desesperación, lo metí a una clínica clandestina y casi me lo matan. Ahora me he endeudado, he vendido hasta el carro para que pueda entrar a un sitio particular donde entiendo utilizan otros métodos (ver subnota)”, relata Manuela Orellana, madre de uno de los reincidentes, al dar por sentado que el costo a estos centros, que oscila entre $ 400 y $ 2.000 al mes, es otro de los motivos que influye en la recuperación.
“Con todo y recaídas he gastado casi $ 28.000, porque nadie entra para quedarse solo un mes. Yo le he prestado al chulco, la última vez por un monto de $ 15.000”. Si no lo hacía, piensa consternada Elisa Jaramillo, posiblemente su hijo, que lleva internado seis meses, integraría ya el registro de los fallecidos a causa del consumo, que en el país -según datos de 2015- suma 8.693 fallecimientos, una cantidad que representa el 13,42 % del total de decesos a escala nacional.
Para los padres, el hecho de que el MSP construya un espacio solo para internar a los adictos sería de gran ayuda para la zona 8. Al momento el sistema tiene un cupo para rehabilitar en sus tres residenciales a 105.
“Si hubieran más centros públicos, no nos veríamos obligados a quedarnos sin nada y a endeudarnos por años. Gente del barrio que ha pasado por lo mismo, ante tales deudas ha intentado hasta matarse, espero no pase por mi mente lo mismo. Debo reconocer que tengo algo de miedo”, manifiesta Julia Argudo, madre de otro afectado y habitante de Monte Sinaí.
DSZ
Panorama
La ciudad de los zombis
n Teniendo en cuenta que en Guayaquil, tal como publicó EXPRESO ayer, se consume el 60 % de las drogas del total nacional, siendo el 52 % de estos consumidores menores de entre 12 y 17 años; hay quienes han denominado al Puerto Principal como la ciudad de los zombis, y precisamente por la forma de actuar de los adictos, que ya no solo se refugian en los parques y los puentes, sino que se instalan en las afueras de los colegios, las universidades, las iglesias, los mercados, los centros comerciales, las calles, los barrios.
En este último punto, más de una vez lo han confirmado los líderes barriales, a estos se los ha visto adormitados, sucios, con la mirada perdida, hablando lento, temblando e incluso robando.
Para habitantes como Sandra López, de Sauces 2, la presencia de los adictos ha vuelto inseguro el vecindario. “Los veo y siento miedo de que me ataquen”.
Los chicos, ahora en rehabilitación, reconocen el temor que transmiten en la gente. “Cuando estamos drogados, somos otros. Nos cambia la mirada, actuamos sin pensar, no sentimos nada. Ni alegría ni tristeza, nada. Solo después, en esos escasos ratos de luz, llega el arrepentimiento a tantos errores”, revelan.
Reacciones
Tratamientos
Para obtener mejores resultados, los especialistas de los centros privados y del MSP promueven la reinserción al sistema laboral y educativo, y realizan un trabajo con las familias de los adictos, a fin de tratar de resolver la mayor cantidad de conflictos y hacer de su entorno un sitio seguro.
En Neurociencias y la Clínica de la Conducta, además se fomenta a que cada paciente sea responsable, ordenado y tenga un propósito. En ambos se ofrecen charlas, pero también se crean proyectos y pruebas que, como metas, deben ir superándose.
Preocupación
Debido a que la Agencia de Aseguramiento de la Calidad de los Servicios de Salud y Medicina Prepagada solicita el licenciamiento de los centros para garantizar su calidad, lo que implica una inversión en sus estructuras y servicios; a las familias de los consumidores les preocupa que el costo por el acceso, a futuro, cambie. Se incremente.
Al momento hay clínicas que han gastado más de $ 100.000 en las restauraciones. “Si el valor a pagar aumenta, para nosotros será imposible entonces salvarlos”, lamenta Tito Chávez, padre de un consumidor.