Prohibido olvidar

Aunque no nos guste siquiera pensarlo, las decisiones que tomamos son condicionadas por nuestro entorno. Por la cultura y costumbres forjadas sin querer queriendo, por quienes nos antecedieron; por las decisiones que tomamos nosotros mismos otrora y que determinan nuestras opciones futuras, pero también por lo inmediato: con qué pie nos levantamos para enfrentar el mundo hoy.

Coincido con Proust sobre cómo entender mejor la realidad que enfrento día a día: mi percepción del entorno está dada por la comunión de recuerdos del pasado y de la experiencia sensorial del momento.

Y aunque estas líneas y reflexiones parezcan divagaciones filosóficas, lo son tanto como aprendizajes prácticos.

Los psicólogos nos dicen que podemos incidir en la fijación de nuestros recuerdos. Como la memoria de una experiencia está dada por el clímax y el final de ella misma, debemos poner la atención ahí. Saber esto nos da sobre el futuro mucho más margen de maniobra que las decisiones urgentes del día a día, que suponemos conscientes. A contrario, también nos enseñan los psicólogos que es imposible evitar ser condicionados por cifras, ideas, olores, por la experiencia sensorial en fin. Es risible el experimento del que salen caminando más rápido o más lento, personas de la misma edad y condición cuando han visto, respectivamente, imágenes de jóvenes moviéndose alegremente, o de ancianos en un sitio de retiro.

Coincido con algunos de los columnistas de esta página, al sumarme a la necesidad de reivindicar la manoseada expresión: prohibido olvidar. Reivindiquemos todos para bien lo que otros quisieron usar mañosamente. Acompañemos nuestra reingeniería de los recuerdos con una arquitectura para mejores decisiones futuras.

Propongo resaltar como tal el clímax de estos años sórdidos, 30S incluido. Propongo identificar como final la crisis económica y moral, corrupción galopante incluida, que hemos heredado. Y propongo por último, hacer de la relativa paz social que ahora tenemos el entorno para decisiones menos atribuladas, más civilizadas, que nos proyecten a no repetir errores. Prohibido olvidar.