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La primera piloto de los helicopteros de rescate

No provenía de una familia con trayectoria militar, sin embargo, desde muy joven, la teniente piloto, María José Narváez, sabía que quería volar para la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE). No obstante se enfrentó a una dificultad que no había previsto. La FAE no aceptaba mujeres aspirantes a oficiales pilotos y técnicos. Tuvo suerte y debió esperar poco, pues el obstáculo se abolió en 2007, cuando la institución cambió la ley e incluyó entre sus rangos a doce jóvenes; entre ellas, María José, quien es oriunda de Quito. “Mi familia estaba muy sorprendida. No comprendía por qué yo quería escoger esta profesión. Me decían que si era un trabajo difícil para un hombre, seguramente lo sería más para una mujer. Pero este era mi sueño. Siempre quise ser piloto militar, no me interesaba ser piloto comercial”, dijo. Tras su graduación en la Escuela Superior Militar de Aviación ‘Cosme Renella’, Narváez fue transferida a la Base Aérea Simón Bolívar de la urbe, donde empezó una nueva y compleja fase de su carrera; convertirse en la primera piloto de helicópteros de rescate del país. Hoy, la teniente piloto, de 26 años, tiene previsto llevar a cabo su primer vuelo y aterrizaje sola, lo que le permitirá iniciar módulos más complejos, entre ellos el vuelo nocturno y el aterrizaje en todo tipo de terreno. Y aunque tenía experiencia volando aeronaves de ala fija, manejar un helicóptero, indicó, fue ‘como empezar de cero’. “Manejar un avión de ala fija es distinto. Tenía curiosidad de saber cómo era volar un helicóptero, y ahora lo sé. Es más complicado, requiere mayor concentración y mayor destreza. Sí tengo nervios de hacerlo por mi cuenta, porque cada vuelo es diferente”. Ahora, la joven integra el Escuadrón 2212, conformada por otros 24 pilotos, todos ellos varones. Añade que al ingresar a la base, así como anteriormente lo fue en la escuela, el desarrollarse en un ambiente predominantemente masculino ha sido un reto mutuo. “Fue un cambio para ellos porque no sabían cómo interactuar con nosotras, cómo comportarse, qué decir y qué no. Pero como todo, uno se va acostumbrado. Hay una relación igualitaria y de respeto entre oficiales. Mientras más mujeres se sumen a esta profesión será más fácil”. Con ello concuerda el capitán piloto, Álvaro Quirola, instructor de vuelo de Narváez, quien señala que tuvo que desarrollar otro tipo de técnicas a la hora de enseñarle a la teniente cómo pilotar los helicópteros. “La actitud tenía que ser distinta, el tono también”. No obstante, considera que estas son diferencias más de forma que de fondo, pues su trabajo consiste en entrenar tanto a hombres como mujeres para que se conviertan en los mejores pilotos que puedan ser y contribuyan con el trabajo que desarrolla la FAE. En su tiempo libre, la teniente practica deportes, entre ellos el trote y el básquet, pero su primer amor es su familia. “Apenas acabo mis quehaceres el viernes, vuelo a verlos”, añade con una sonrisa.