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Pensamiento italiano
Nada al parecer más alejado de la conflictividad y del encrespamiento de nuestro tiempo que la filosofía. Salvo que para ampararla la concibamos como el antídoto de esa conflictividad y la volvamos una especie de meditación que nos aleje de la vida, un proceso de depuración de las preocupaciones del estar presente.
Históricamente, la filosofía, sin embargo, nunca ha estado lejos de las preocupaciones del tiempo y de los interrogantes de la vida.
La lectura contemporánea de Platón por ejemplo, nos muestra el ejercicio de un pensador agudamente dirigido a las aristas de su tiempo, minucioso al extremo sobre cómo se debía organizar el Estado, programar la educación y conducir nuestros afectos. Claro que antes Platón tenía claro qué era el Estado, qué la educación y qué cosa los afectos. Seguramente porque con anterioridad había intentado pensar qué era la vida, tan inasible que hubo que recurrir a metáforas más que a definiciones formales para hablar de ella.
El pensamiento italiano ha adquirido desde hace más o menos una década una marcada presencia en el pensamiento filosófico contemporáneo. No se trata solo del impacto de la obra de un Giorgio Agamben o de un Roberto Esposito. Tampoco de que sea un pensamiento que tenga a Italia como su objeto de reflexión, trampa en la que hace décadas muchos filósofos latinoamericanos de la liberación cayeron, creyendo que se trataba de ser “autóctonos” y pensar “lo nuestro” frente a lo extranjero.
En cambio, la filosofía italiana surge con una novedad que no tienen ni la filosofía de la deconstrucción derrideana ni las especulaciones sobre el lenguaje y el sujeto de los colegas franceses. Se preocupa de lo no filosófico.
Lo no filosófico son tres grandes referentes de la conflictividad azarosa de nuestro tiempo: la política, la vida, la historia. La condición humana, como en los bocetos de la “Battaglia di Anghiari” de Leonardo, exhibidos en la Galería de la Academia de Venecia, donde aparece la condición destructiva de los seres humanos y que retorna una y otra vez, como hoy en Siria o en Bruselas.
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