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Un manto de polvo cubre los campos
La ceniza volcánica del Tungurahua convirtió productivos campos de la provincia de Chimborazo en parajes grises. La presencia de este polvo es constante en las zonas de Penipe, El Altar, El Manzano, Choglontús y Cahuají. Los pobladores están preocupado

La ceniza volcánica del Tungurahua convirtió productivos campos de la provincia de Chimborazo en parajes grises. La presencia de este polvo es constante en las zonas de Penipe, El Altar, El Manzano, Choglontús y Cahuají. Los pobladores están preocupados y comenzaron a trasladarse hacia lugares más seguros, sobre todo en la noche
“El volcán está dañando las cementeras. Está botando pura tierra gruesa que perjudica a los animales y a los sembríos. Los choclos, que recién estaban sembrados, ya se han dañado; y si el ganado come la hierba con ceniza, se le hace lodo en el estómago y muere”, afirma Fausto Toabanda, agricultor de la zona El Manzano.
En tanto, ante la declaratoria de alerta naranja por el incremento en la actividad del volcán, el Comité de Operaciones Emergentes (COE) provincial de Chimborazo dispuso se activen las ocho mesas técnicas para definir las acciones de prevención e información.
Pablo Morillo, director de la Zona 3 de la Secretaría de Gestión de Riesgos (SGR), sostiene que el comportamiento inusual del volcán exigió estar en mayor alerta. “La ceniza ha afectado no solo a las zonas cercanas sino a ciudades distantes como Ambato y Riobamba”, explica.
Sin embargo, muchos de los habitantes de las laderas del Tungurahua, sobre todo de Cahuají Bajo, han aprendido a vivir con el volcán: respetan su fuerza, pero aseguran que no abandonarán su tierra. Por el momento son 140 las familias que permanecen en el sitio y que han recibido mascarillas por parte de la SGR.
“El sonido de la ‘Mama Tungurahua’ se parece a una gran olla donde se dan vuelta miles de piedras”, compara Juan, de 13 años, mientras juega con su mascota a la espera de que su madre reciba los kits de emergencia volcánica para la familia.
Carmen Pazmay, una anciana que llama la atención por sus ojos azules, piensa que estas son pruebas y a pesar de la activación no saldrá de su casa. “Sí asusta, pero Dios es grande y él nos cuidará, ya tantos años que vivimos así”, dice la mujer, mientras se retira el sombrero para colocarse la mascarilla.
Susana Villarroel relata que en el volcán se veían relámpagos desde la semana anterior.
En la provincia de Tungurahua también hay problemas similares. En las zonas de San José del Guanto, Jaloa La Playa, El Santuario y Hierba Buena los campesinos sufren sobre todo por los animales, ya que el pasto se llena de cenizas. “Cae cascajo pequeño y eso los deja sin alimentos”, afirma Luis Yugcha, habitante de Hierba Buena.
María Sánchez, quien habita en El Santuario, comenta que diez cuyes se le han muerto porque la ceniza les afecta.
En Pillate, Pelileo, la situación es similar. El poblado luce completamente gris y los cultivos de maíz se pierden. Beatriz Rosero menciona que el “volcán nos tiene fregados; la producción de leche es menor y ya perdimos otra vez nuestros cultivos”.
Otras poblaciones afectadas son Cevallos, Quero, Choglontús y Cotaló.