Llanura. Los habitantes a lo alto de las montañas, preocupados por la cantidad de desaparecidos y muertos.

El ‘Sacha Runa’, mito o realidad de los paramos

El personaje de los Andes se lo podrá divisar cuando la sabana luzca blanca por la neblina, el viento sople fuerte aparentando que se quiere llevar todo a su paso.

Es un espíritu que muy pocas ocasiones toma forma humana, alto y hermoso, siempre látigo en mano y muy celoso de sus territorios. Sus remotas apariciones que permiten describirlo, las hace cuando la neblina es espesa, hay lluvia y fuerte viento. Casi nadie lo ha visto pero muchos saben que el ‘Sacha Runa’ es el protector del páramo y de los animales que ahí habitan. Permite ver la belleza de la llanura solo a las personas que aprueba.

“A nosotros que somos de estas comunidades y que cuidamos del páramo nos hace la mala jugada. Peor cuando entra gente nueva y que no tiene respeto a la naturaleza, el ‘Sacha Runa’ lo pierde”, menciona Daniel Punina, habitante de la zona de Llangahua, sector alto de Cotopaxi.

Punina asegura que vivió de cerca esa mala experiencia. Trabaja en la represa Mula Corral, ubicada a unos 3.800 metros sobre el nivel del mar, en la provincia de Tungurahua. Una mañana salió a buscar señal para el teléfono, necesitaba hacer una llamada y de repente una densa bruma lo atrapó.

“Mis ojos estaban atentos al suelo y parecía que iba por el camino correcto. Después de un largo trayecto me quedé quieto y vi que estaba cerca de Cotopaxi. La ventaja es que conozco estos sectores y sé que cuando la neblina es espesa hay que detenerse unos diez minutos y esperar que baje, por eso me salvé, sino me perdía y podría morir”, recordó.

El comunero asegura que casi nadie ha visto la forma del ‘Sacha Runa’, pero los abuelos lo mencionaban mucho y aseguraban que toma forma de humano. ‘Sacha Runa’ en español significa el ‘hombre del páramo’, pero muchos lo identifican como el ‘diablo del monte’. Para quienes habitan cerca de las montañas de los Andes, el ‘Sacha Runa’ no es solo una leyenda.

“No le gusta tener mucha gente en sus territorios. Los hace perder en muchas ocasiones, se cansan y mueren ahogados en las lagunas”, manifestó Margarita Jerez, residente del sector.

Verónica Olobacha, presidenta de la Junta Parroquial de Pasa, parroquia de Ambato en Tungurahua, también vivió de cerca esa experiencia. “Nos perdimos entre tres, la ventaja era que algo conocíamos el páramo y nos dábamos fuerzas para no dejar de caminar. Podríamos haber muerto, aseguró. (F)