Claudia Tobar Cordovez | Liderazgo y paternidad: el mismo camino
El verdadero liderazgo también requiere una mágica combinación de humildad y narcisismo
Simon Sinek, renombrado autor en temas de estrategia e innovación, compara ser líder con ser padre. Nos invita a ver cómo esta analogía describe de qué manera estos dos roles requieren una continua reinvención.
Si bien nos podemos preparar para ser padres leyendo, preguntando y aprendiendo, no es hasta que lo eres que descubres lo que ese rol demanda. Ser padre requiere la ingrata tarea de enseñar todo lo que sabes para un día volverte innecesario. Ser padre requiere ponerse en segundo plano para que sean nuestros hijos quienes nos superen algún día.
Reemplacemos en el párrafo anterior todas las palabras que dicen ‘padre’ por ‘líder’ y tiene el mismo efecto. Ser líderes, con o sin nombramiento, necesita que cambiemos esa idea anticuada que tenemos del liderazgo: ese liderazgo en el que todo depende de una persona, donde si no está nada funciona, y si no recuerda o motiva, las personas no se mueven. Por el contrario, un buen liderazgo requiere que demos luz como un faro para que los botes puedan navegar hacia sus distintos destinos, seguros y acompañados.
El verdadero liderazgo también requiere una mágica combinación de humildad y narcisismo. Humildad entendida como el reconocimiento de que no siempre se tiene la razón ni todo el conocimiento, y de que se necesita de otros para llegar al objetivo. Y una pequeña dosis de narcisismo, porque no queremos líderes que no se crean capaces. Todos queremos ver a un líder que tiene la seguridad de haberse preparado y de contar con la experiencia para cumplirlo. Esa combinación es la que permite movilizar a todos hacia un sueño, y que sean sus seguidores quienes movilicen los recursos hacia el cambio. Un líder orquesta el sonido perfecto entre todos los instrumentos, dando la pauta de cuándo entra uno u otro, o cuándo suenan todos juntos. Igual que en la tarea de ser padre, un líder va conociendo a su equipo, va aprendiendo de los desafíos que cada etapa conlleva, y siempre habrá espacio para mejorar.