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“El que a perro mata...”

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El ‘Chato’ Castillo, alcalde de la ciudad de Mercadillo, fue el que puso la pica en Flandes con unas declaraciones que los miembros de las sociedades que protegen a los animales -sobre todo- consideraron lesivas a la dignidad y seguridad de los “mejores amigos del hombre”. Y es que según los protectores de lo zoológico, se quería hacer con los perros que ladran y que mueven la cola ante la presencia de sus dueños, lo mismo que hacemos casi diariamente con los mosquitos y las cucarachas.

Parece que el alcalde lojano aclaró, horas o días después, la versión de lo dicho frente la superpoblación de perros callejeros en la ciudad austral. Y ya se está organizando en esta urbe que vio nacer a Pablo Palacio y a Pío Jaramillo Alvarado, un albergue para recoger a los canes que anden “como perro sin dueño” por calles, plazas y mercados, y ofrecerles así esa debida protección que a veces tampoco se suele dar a los niños hambrientos y escuálidos que deambulan, trabajando o pidiendo caridad, en la vía pública de las grandes y pequeñas urbes del país.

El caso del exceso perruno parece que no solo se limita a Loja sino que forma parte de toda una problemática nacional. Y es que, además, estos animales, igual que los conejos y los gatos, se suelen reproducir en forma alarmante dentro de una agresiva progresión geométrica, a lo largo de pocos años de darle gusto al celo que determina los momentos de la cópula, que es la que permite la sobrevivencia de las especies, incluida la humana.

Al parecer, los perros que tienen la condición de “mascotas” y que, como tales, son protegidos por cariñosas familias que hasta les compran perreras para que vivan su apacible vida en “casa propia”, no son la mayoría sino, como dirían los socialistas de antaño, una pequeña minoría “pelucona” y privilegiada. Y, así, los que no tienen hogar deben llevar su vida “perruna” de uno a otro lado, ladrando de vez en cuando y tratando de encontrar el alimento que les permita seguir viviendo.

Las cifras que últimamente se han dado, de los centenares de miles de perros vagabundos es alarmante. Y ojalá que a los alcaldes de Guayaquil y Quito no se les ocurra emular al ‘Chato, para que la población no se les vaya encima.

cazonf@granasa.com.ec

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