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“De pequena aprendi lo que debo hacer”
Melanie Soriano aprendió del movimiento de las piezas de ajedrez por una iniciativa de su escuela; más tarde se convirtió en una experta de este juego y hasta representó al país.

Cuando tenía los dedos de la mano más pequeños que un meñique, es decir, a los seis años, Melanie Soriano aprendió del movimiento de las piezas de ajedrez por una iniciativa de su escuela; más tarde se convirtió en una experta de este juego y hasta representó al país.
Pero esa, quizás, es solo una parte de sus habilidades en asuntos que requieren de agilidad mental porque, además, se convirtió en abanderada del Pabellón Nacional de la unidad educativa bilingüe La Moderna, con calificaciones que sumaron a lo largo de sus estudios un promedio de 9,83.
En su propósito de convertirse en una ferviente jugadora de ajedrez, pasó de hacer movimientos casi al azar, a realizar jugadas meditadas y con planes concretos. Juan Carlos Torres, quien en esa época era el profesor del club de ajedrez de su escuela, vio en ella potencial para el juego, y después habló con sus padres para dictarle clases particulares, según recuerda la joven.
Así, los padres de Melanie (Christian Soriano y Narcisa Abarca) decidieron apoyarla en su camino como ajedrecista. Fue allí cuando ella hizo su mejor jugada: practicó, se preparó, perfeccionó tácticas y compitió para buscar un puesto; primero a nivel provincial y luego nacional.
“Llegar a un Panamericano (torneo en el que participan todas las federaciones de ajedrez de América) es súper largo; primero vas a los provinciales y luego a los nacionales. Y para ganar un puesto en una competencia internacional tenía que clasificar a los siete primeros puestos de Ecuador”, explica.
Soriano no ocupó el séptimo ni el tercer puesto, obtuvo el primero, y la Federación le pagó todos los gastos las dos veces que dice haber clasificado a Argentina. “La primera en Córdoba y la segunda en Mar de Plata”, recuerda emocionada, mientras retuerce las manos sobre un escritorio de su colegio.
En ambos torneos viajó acompañada de su abuela, Carmen Arroba, y en uno con el profesor Torres. “Fue una satisfacción para mí representar a mi país en algo internacional y que me lo gané por mi esfuerzo”. Y así, en otras competencias hasta que cumplió doce años cuando lo dejó para darle más tiempo a la academia.
Reconoce que no fue fácil, pues la reputación de este juego requiere de inteligencia y buena capacidad de maquinar estrategias para ganar, de acuerdo con la creencia popular.
La designación como abanderada le llegó sorpresivamente porque, según ella, fue algo que no había planeado. “Sé que soy buena alumna, pero no fue algo que me planteé”, reconoce.
Se considera muy independiente, pero agradece que sus padres le hayan enseñado sobre lo que se debe hacer y lo que no. “Ahora no es necesario que me digan qué hacer”, menciona.
Muy divertida, desenvuelta e inquieta. Mueve los pies, las manos y todo lo que puede, para narrar los mejores recuerdos que se lleva de su colegio. “Con mis amigas formamos un grupo de baile, entonces nos creamos como que el grupo ‘oficial de los eventos’. Bailábamos y ensayábamos todo el tiempo, y nos reíamos”, dice entre risas.
Melanie nació hace 17 abriles. Prefiere compartir momentos dentro de casa y con su familia. Tiene una hermana de un año a la que llama “mi chiquita”, aunque su nombre real es Lía.
Ese nombre de tan solo tres letras, la motivó a elegir como carrera universitaria la medicina, con especialidad en neonatología.