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“No me deje vencer, sigo pedaleando”

Al escucharlo por primera vez se pensaría que Abelardo Zevallos es argentino, pero no lo es. Durante la conversación él mismo explica que habla de esa forma porque tuvo, hace siete años, un aparatoso accidente cuando andaba en bicicleta, motivo por el que perdió una parte de su lengua. Este guayaquileño cuenta que debió tomar terapias de lenguaje para aprender a hablar nuevamente y de rehabilitación para recuperarse por completo.
Hablar de ello no le resulta agradable, pero tampoco le incomoda. Este apasionado del ciclismo de montaña dice que todo se dio por una “imprudencia”, como él la califica. Solo recuerda que perdió el control de su bicicleta y nada más. Una semana después al despertarse en terapia intensiva se enteró de que se había estrellado con una cerca que tenía alambres de púas y que literalmente su cara se partió en dos. Específicamente sobre el lado izquierdo, creando un hundimiento de un centímetro.
Sucedió en una nueva ruta para él en Cerecita, vía a la costa, a la que fue acompañado por 25 ciclistas, entre ellos su esposa Mónica Durán y uno de sus tres hijos. Confiesa que su adrenalina fue tal que lo incentivó a bajar por una montaña a velocidad.
“Además me fracturé la mano y me rompí tres vértebras del área dorsal. Pasé como siete meses con fierro por esta lesión para que selle bien”, agrega.
Comenta que en su rostro tiene platinas y que tuvo que someterse a siete cirugías para reconstruirlo. “Estaba como el monstruo, esa es la explicación que me dieron”, dice. Aún debe someterse a una nueva intervención para terminar de arreglar su nariz, pero Zevallos no quiere saber más nada de quirófanos.
Afortunadamente el día del accidente recibió ayuda de dos médicos, un ginecólogo y un cirujano plástico (ambos pedalean en su grupo). Además, el Trooper antiguo de su amigo Carlos Ocaña sirvió para trasladarlo a Guayaquil. “Nunca va ningún carro, pero él fue a acompañar a alguien que iniciaba en el ciclismo”, relata.
Su mente, mientras estuvo hospitalizado, estaba en blanco. Sin embargo, sus familiares y amigos le ayudaban a recordar. Una de las habitaciones del piso dos de la Clínica Kennedy era a diario un lugar de oración y hermandad.
“Tenía la cara parchada y cuando pedí el espejo todos se miraban entre sí”, recuerda Zevallos. Lo único que dijo al verse hinchado y con puntos es que Dios sabe cómo hace las cosas. A partir de ese momento el hombre de negocios que anteriormente era inducido por su esposa a ir a misa, estuvo muy agradecido con Dios y en especial con la Virgen Milagrosa. “Estoy convencido de que la Virgen me salvó. Ahora soy más creyente, estoy pendiente de ir a misa... Pienso más en el dolor que pueden sentir los demás”, dice.
Los brazos
Estire los brazos de manera sencilla sosteniendo su codo con la mano contraria y llevándolo hacia el otro extremo para atrás y tensionando. Sirve para trabajar espalda y hombros.
Pantorrilla
Estire completamente la pierna y trate de levantar al máximo la punta del pie de manera que quede talón abajo. Este ejercicio es fundamental para fortalecer nuestro pedalear. Recuerde hacer lo mismo con la otra pierna.
Femorales
Sosteniéndose del manubrio de la bicicleta con una mano, coloque el pie alterno sobre la montura y tópelo con la mano del mismo lado de manera que se estire y tensione esta zona. Realice la misma acción con la otra pierna. Le ayudará a evitar los calambres.
Las manos son importantes
Con la mano izquierda coja las puntas de los dedos de la derecha por unos segundos y estírelos hacia atrás. Alterne la mano. Este ejercicio le permite tener mejor agarre del manubrio.
“No le tomé miedo a la bici”
Tras el accidente de Abelardo todos pensaron que no volvería a subirse en una bicicleta. Sin embargo, tras ocho meses de recuperación su médico le permitió iniciar su rutina con una bicicleta estática en casa. Como no le gustó, se fue a pedalear con su esposa, pero no avanzó más de una cuadra. Tenía dolor corporal. “Así fui avanzando día a día, no le cogí miedo a la bici”.
“Si le gusta la bicicleta tiene que subirse otra vez, no hay que dejarse vencer. El que tenga un accidente quizá es para aprender de las experiencias de la vida”, afirma. Él sigue dedicando los fines de semana a su afición y aconseja vivir la vida al máximo.
Hoy en día Zevallos administra Cube, un local dedicado al ciclista en el que hace lo que más le gusta: recomendar lo mejor y hablar de adrenalina y hermandad.
Otras aficiones
A los 19 años practicó fisicoculturismo para ganar musculatura, pero nunca participó en un torneo. El karate y el kung fu también son dos disciplinas que estaban en lista, a diferencia del fútbol, que no le gusta. Pese a ello es hincha de Barcelona, pero no se considera ‘sufridor’, ni va al estadio, dice. En la alimentación no se cuida a rajatabla. Ama el seco de pollo, sobre todo aquel que come en Cerecita cuando termina de pedalear, y es amante de las colas y de todo tipo de dulces.