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“Gracias a mi esfuerzo soy lo que soy”

Esa es una parte de la descripción de Jéssica Ramírez, abanderada del Pabellón Nacional del plantel fiscal Rita Lecumberri, uno de los colegios emblemáticos de Guayaquil.

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De pocas palabras, sus respuestas son cortas y a veces largas cuando se entusiasma. Bastante madura para los 17 años que cumplirá el próximo noviembre, aunque inocente y grácil de actitud.

Esa es una parte de la descripción de Jéssica Ramírez, abanderada del Pabellón Nacional del plantel fiscal Rita Lecumberri, uno de los colegios emblemáticos de Guayaquil.

Sentada sobre una de las más de 50 butacas rojas y antiguas del auditorio de su plantel, la luz le pega a media cara, se sienta con la columna totalmente erguida, cruza las piernas, como aparentando una actitud señorial, y se prepara para compartir su historia como estudiante destacada.

“Soy una persona alegre, me rijo a lo que se debe hacer para triunfar”, se describe.

Su juventud la hace una inexperta en temas de la vida adulta, aunque no de estudios, pero eso no ha sido sinónimo de impericia en el cuidado de sus hermanos menores de uno y cinco años, actividad en la que dice haberse desenvuelto como si fuese una madre con experiencia.

“Mis padres trabajan. Mi papá (José Ramírez) fuera de la casa y mi mamá (Martha Ramírez) se encarga de los quehaceres domésticos. Entonces a mí me toca ayudar con el cuidado de mis hermanitos”, explica.

Esa responsabilidad de velar por los pequeños, la ha sabido combinar con la de cumplir a cabalidad con sus tareas del colegio. ¿Su secreto? “Siempre me fijo en las rúbricas de los deberes para no perder puntos en el pedido de los maestros”.

El mérito de su esfuerzo, que suma un 9,92 como promedio, lo atribuye primero a sus padres. Un reconocimiento que muchos jóvenes hacen a sus guías de familia, mas no todos agradecen a sus compañeros; ella sí, los ubica en tercer lugar de importancia.

“Dios, mi familia y mis compañeros de clase quienes han estado conmigo como parte fundamental de este logro”, menciona. Sin embargo, no ahonda en el porqué del agradecimiento a sus pares de estudios.

Sus habilidades las resume en dos: el baile y la cocina, mientras que su afición es solo una: la lectura. Hace poco estuvo en un curso de danza, pero tuvo que dejarlo por falta de tiempo y “otras cosas que no me dejaron seguir”.

Ha asistido a clases de gastronomía, donde aprendió sobre repostería, chocolatería y piñatería. La última, una actividad que pocos conocen, se originó hace muchos años en China, y se convirtió en parte de la cultura y tradición de las fiestas en Latinoamérica.

Seria y certera contesta: “Medicina”, para referirse a la pregunta sobre a qué planea dedicarse una vez concluidos sus estudios de secundaria. Incluso ya planeó en dónde obtendrá ese tercer nivel educativo. “Estudiaré en la ‘Estatal’ (Universidad de Guayaquil) y para la especialización (oftalmología) saldré del país”.

Pero estudiar una carrera tradicional no es su único plan. Ramírez también desea adquirir destrezas para administrar un emprendimiento. No obstante, aún no define el tipo de negocio en el que invertirá, pero cree que eso “me servirá para apoyar económicamente a mis padres y hermanos”.

Por ahora, la joven de cejas pobladas y ojos grandes, se prepara para rendir de forma satisfactoria el examen ‘Ser Bachiller’. Una prueba de graduación que rinden todos los estudiantes, y que también define su futuro profesional, dependiendo del promedio obtenido.

Tres mujeres con banderas

La segunda estudiante destacada del Colegio Rita Lecumberri es Hellen Adriana Hurtado Castillo, quien obtuvo un promedio de 9,91; acreedora del portaestandarte de Guayaquil. A ella le sigue Anahi Geovanna Cepeda Bajaña, quien sumó un promedio de 9,89; y como resultado, recibió la designación de abanderada del pabellón del plantel estudiantil.

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