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“La casa de mis recuerdos”
Hace 40 años y más, salíamos contentos hacia la Cdla. Urdesa para visitar a nuestros abuelitos. El carro se parqueaba y bajábamos hacia Bálsamos e Ilanes. Un ciudadano de clase media podía soñar con una casa en Urdesa y de hecho, gracias al esfuerzo económico de mi abuelito, encontró el lugar para vivir. Sin imaginarse que la muerte le llegaría. A veces me pregunto ¿de quién es esa casa? Y respondo: “Es la casa de mis abuelitos”. Aunque la casa esté a nombre de otra persona, aunque mis abuelitos no existan. ¿Por qué? Porque mi niñez se desarrolló en esa casa y no puedo admitir que los intereses particulares hayan sustituido a la idea original de un ser humano genial. La casa de mis abuelos está habitada por personas ajenas, y a nombre de otra persona. ¿Qué dimensión tiene la ambición y la virtuosidad de un ser humano?
Eduardo E. Jiménez