Justicia y urnas

El viernes pasado escribí sobre las proyecciones políticas del Ecuador. Algunos lectores deben haber concluido que cometí una falta grave de análisis. Un actor fue ignorado. Suprimido: el correísmo. No fue un fallo, más bien, un acto a conciencia. La razón: no lo considero un actor de mayor relevancia para 2021. Establecer por qué es deber de hoy. Los resultados del 24M lo ubican como el gran perdedor. Hay que tomar con pinzas esta afirmación. Primero lo evidente. Los números hablan por sí solos. En comparación a 2014 la Patria ya no es “altiva i soberana”, la lista 5 obtuvo solo dos prefecturas. Manabí y Pichincha. Ninguna alcaldía. Esas dos prefecturas no lo convierten en “la fuerza política”, como en algún momento lograron afirmar. Si bien son provincias emblemáticas, si vemos los números nos encontraremos con la realidad. En Manabí en cuatro años pasó de 55,9 % a 29,01 %, y en Pichincha, de 60,98 % a 22,16 %. Sus números en el resto de provincias y municipios siguen esta tendencia, en algunos lugares de forma más evidente. Así que, en su debilitamiento, no hay duda. ¿Pero es suficiente para ser una herida mortal? En lo absoluto. Realicemos las siguientes observaciones: (i) si se suma el 29 % de aquí, más el 22 % de acá y el 18 % del Guayas (de las provincias más pobladas) tiene una base interesante de apoyo, (ii) esos votos son de él y de nadie más. Pareciera que no importa qué se descubra; si a esta altura no los perdió, tampoco los perderá. Voto duro, casi religioso. (iii) Esos porcentajes los logró con una lista nueva, desde otro continente. Imaginemos qué logra en las calles y no en el ático. ¿Dónde quedó mi tesis? ¿Cuándo demostré que no sería un actor trascendente en 2021? No me cambié de bando mientras escribía este artículo. Me mantengo. Pero sí y solo sí se mantienen dos elementos: en primer lugar, la mayoría está en la oposición, a veces en un solo partido. Si no se dispersa el voto entre varios, no debería haber sorpresas. Y dos: Diana Salazar sí puede generar ese golpe mortal, imposibilitando su participación y/o terminando de defraudar a quienes podrían o quisieran volver a votar por él. Desde la justicia, a las urnas.