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Diario Expreso Ecuador

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De J. J. Anhalzer a J. C. Trujillo

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“No era la primera vez que el fotógrafo ecuatoriano Jorge Juan Anhalzer se adentraba en los escarpados riscos y enlodadas laderas de los Llanganates en busca del tesoro perdido de Atahualpa...”, así se describe en el documental denominado Los Llanganates, el cual me vino a la memoria, a propósito del viaje realizado por el Dr. Julio César Trujillo, recientemente, a Londres, para gestionar ayuda técnica y financiera para poder rastrear el dinero robado por la corrupción; labor titánica, casi como la emprendida por Anhalzer, para encontrar el tesoro de Atahualpa.

Claro que, históricamente, existen diferencias fundamentales como que el tesoro de los incas pertenecía al monarca. En el caso de los dineros, indebidamente apropiados por los pillastres de la década robada, estos pertenecen a todos los ecuatorianos.

Atahualpa fue apresado y ejecutado para robarle su tesoro. En el caso de los pillastres de la mesa servida, endeudaron y hambrearon al pueblo ecuatoriano para llevárseles el dinero.

Al igual que sucede con el tesoro de Atahualpa, que es incalculable, el perjuicio económico causado a los ecuatorianos por la corrupción, es también incalculable; pero se presume, a ‘grosso modo’, que estaría alrededor de los 24.742 millones de dólares; es decir, 2,87 veces el del feriado bancario. Bajo tales consideraciones, la frase que tanto repetían los socialistas revolucionarios “somos más, muchos más...”, pareciera revelar, con el pasar del tiempo, su verdadero sentido; esto es, que fueron más pillos que los banqueros corruptos, y que fueron muchos más los saqueadores. Por eso, casi triplicaron el monto de los dineros robados.

Paradójicamente, los integrantes de ambas pandillas, la del feriado bancario y la de la mesa servida, se encuentran prófugos de la justicia. Lo extraño es que a los de la década robada no se les apliquen las medidas que ellos aplicaron a los del feriado bancario; esto es, a más de prisión, la incautación de sus bienes.

Como la esperanza es lo último que se pierde, esperemos que al Dr. J. C. Trujillo no le suceda lo mismo que a J.J. Anhalzer y el tesoro de Atahualpa.

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