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Israel y Palestina: solucion de tres Estados
El objetivo de dos Estados para dos naciones que viven lado a lado dentro de fronteras seguras ha sido la base del proceso de paz palestino-israelí. Pero pese a todos los intentos y propósitos está muerto y enterrado. Quizá la razón más importante sea que ese objetivo ya no se corresponde con los hechos en el terreno. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) todavía la respalda pero no le interesa ningún acuerdo interino que, como ha mostrado la experiencia, las coaliciones de extrema derecha de Israel podrían extender indefinidamente, utilizando el interminable proceso de paz como excusa política para una ocupación y asentamiento continuos en tierras palestinas.
Para el segundo actor clave palestino, Hamas, el objetivo de independencia viene tras una garantía del predominio del islam en toda la región. Su absoluta falta de voluntad para sancionar la existencia de un Estado judío en la tierra sagrada de Palestina descarta cualquier compromiso convincente con la solución de dos Estados, posición que se alinea perfectamente con la del actual gobierno de extrema derecha y religioso-nacionalista de Israel, que no puede hacer las concesiones que exige una solución de dos Estados sin traicionar al núcleo de su propia ideología fundamentalista.
Hamas ha jugado con la idea de una tregua prolongada que pueda conducir a una paz con la “entidad sionista” pero no a su reconocimiento. A pesar de las posiciones coincidentes de Israel y Hamas, en materia de seguridad Israel coopera con la OLP, en particular con el gobierno de la Autoridad Palestina (AP), liderado por el presidente Mahmoud Abbas, cooperación que es la última línea de defensa de Abbas contra una toma del poder por parte de Hamas. La ola de ataques de Hamas contra blancos israelíes en Cisjordania busca debilitar más al régimen de la OLP allí, colaborando con el ocupador. Si bien la AP depende en gran medida de la fuerza israelí para conservar el poder en Cisjordania, su posición frente a Hamas también se ve fortalecida por su legitimidad internacional, que le garantiza control de los fondos de los donantes del resto del mundo.
Abbas, aprovechando esto ha impuesto severas sanciones financieras a Gaza, exacerbando las consecuencias humanitarias ya severas del bloqueo de Israel, parece que calculando que una guerra declarada con Israel en la Franja de Gaza terminaría con el régimen de Hamas allí, obligándolo a formar un gobierno unificado con la AP. Hamas sin duda consideraría ese gobierno como una oportunidad para tomar el control de todo el movimiento nacional. Ese desenlace es altamente improbable. Es poco lo que podría obligar a Hamas a renunciar a sus capacidades militares independientes, suficientemente temibles como para desafiar a las Fuerzas de Defensa de Israel. Si bien el gobierno de Netanyahu hizo todo para debilitar y humillar a la AP, ha negociado respetuosamente con Hamas a través de terceros sobre intercambios de prisioneros y ceses del fuego porque un Estado fundamentalista islámico liderado por Hamas le ofrece a Israel el máximo pretexto para rechazar las negociaciones de paz.
Dada esta dinámica compleja y conflictiva, hoy existen tres “Estados” involucrados en el conflicto palestino-israelí: Hamas en Gaza, la AP en Cisjordania, e Israel. Una estrategia única compartida es vital para crear un Estado palestino unificado. Israel, con su estrategia de divide y reinarás, no ofrece ningún camino claro hacia una paz duradera. Una guerra civil palestina equivaldría a un suicidio nacional y a un sueño hecho realidad para Israel. La solución de dos Estados no se puede revivir, hay tres bandos.
Shlomo Ben-Ami. Exministro de Relaciones Exteriores israelí, es vicepresidente del Centro Internacional Toledo para la Paz. Es el autor de Scars of War, Wounds of Peace: The Israeli-Arab Tragedy.