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La inseguridad
Uno de los tantos problemas agudos que confronta nuestro país es el de la inseguridad judicial y humana. Es espeluznante presenciar cómo la inseguridad prevalece a lo largo y a lo ancho de la República. Por desgracia, lo poco que se hace para combatirla no da los resultados que el pueblo espera.
La Constitución de Ecuador ordena que el Estado garantizará la seguridad humana a través de políticas y acciones integradas para asegurar la convivencia pacífica de las personas, y que la planificación y aplicación de esas políticas se encargará a órganos especializados en los diferentes niveles de gobierno (art. 393 CRE).
La inseguridad se agrava porque el Ecuador no tiene para la seguridad humana, así como no tiene para otros aspectos de su gestión, políticas de Estado coherentes a largo ni a mediano plazo, controladas y dirigidas por personas capaces y conocedoras de los problemas que aquejan al país. Tanto no hay políticas de Estado, que en cada oportunidad en la que se cambian los ministros, lo que sucede a cada momento, el nuevo secretario de Estado que llega a esa función indica que “su política será la que se permite poner en conocimiento de la ciudadanía”. Como hay ministros de Estado que en muchas ocasiones duran lo que dura la rasgadura de un rayo en el firmamento, se explica el porqué los problemas se agudizan.
La seguridad es uno de los primordiales aspectos de la gestión de los gobiernos. Frente a esta realidad, la ciudadanía toda debe empoderarse para exigir a sus gobernantes que no sean simples figuras decorativas, sino que presenten a la faz de la República programas a largo plazo en los que debe indicarse de manera clara cómo van a solucionar los problemas, quiénes serán los encargados de llevar a cabo dicha política, y los medios materiales y económicos que cuentan para ese objeto.
Anotamos estas circunstancias porque el pueblo está cansado de escuchar cuáles son sus problemas, sin que haya gobernantes que le expliquen cómo van a hacer para que el Ecuador se enrumbe por el camino del progreso, con la mirada puesta a 10 o 15 años adelante.