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Ineludible esclarecimiento
El país viene reclamando un baño de verdad que destape la corrupción. Necesita saber de manera clara y concreta qué ha pasado con los recursos públicos que le pertenecen. Observa entre incrédulo, estupefacto y desengañado, sucesivos escándalos, sin que existan las debidas sanciones a quienes han traficado con su buena fe, su confianza y su creencia en que quienes dirigen los destinos de la patria tienen un sincero deseo de servirla, que realmente sienten el superior placer de ser útiles y solidarios con sus conciudadanos.
Gracias a los medios de comunicación, a redes informáticas, a la presencia en hogares de noticieros y programas informativos y formativos de carácter internacional, se conoce de paraísos fiscales, de investigaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos y de los espurios y cuantiosos negociados de la compañía Odebrecht, de revelaciones hechas por el exministro del actual Gobierno, Carlos Pareja Y., lo cual unido a lo publicado por la prensa no comprometida con el poder político, mantiene informada a la ciudadanía.
Si existen hechos, testimonios, es deber inexcusable de la justicia indagar de la manera más severa y detenida el enjambre de corrupción que afecta la salud cívica de los ecuatorianos, su espíritu anímico, la esperanza de un mejor futuro. Es inaceptable que después de conocerse tanta inmoralidad, la respuesta se limite a multiplicar acusaciones que lejos de clarificar los hechos, crean confusión, con el agravante de que en ese escenario es difícil para la ciudadanía identificar quién obra correcta o incorrectamente, perjudicando la confianza que se debe tener en un funcionario público.
El Gobierno está en la obligación de impulsar el esclarecimiento de los hechos denunciados sin esperar el desenlace electoral. Perú y Colombia nos muestran procesos judiciales orientados a señalar culpables del atraco a fondos públicos, no hacerlo en Ecuador, sería favorecer que el olvido por el paso del tiempo y la impunidad protejan el soborno. Hay que exigir que eso no suceda. Es hora de un baño de verdad y no de lodo que embarre a quien sea.
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