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Euler Granda ha partido
Amigo y colega, no en la medicina, que fue su profesión en la especialidad de psiquiatría, sino en la literatura, que fue su vocación, el “pelado” nos ha dejado luego de haber sufrido por largo tiempo esas asesinas enfermedades que comienzan por borrar imágenes y hechos de la memoria e inutilizar el cuerpo que transita entre proximidades y lejanías. Ochentón, de la misma edad de quien escribe este artículo, Euler Granda deja en la memoria de la posteridad un mensaje poético inmenso, con más de una docena de libros publicados, en el que su profunda solidaridad humana (fue siempre un hombre de izquierda) se une a un humor que aplica la más sabia y sana de las ironías. Riobambeño de nacimiento, pasó la mayor parte de su existencia en Quito, donde conoció y se enamoró de esa también enorme aeda que es Violeta Luna, de cuya unión nacieron dos encantadoras niñas, hoy ya adultas y dedicadas igualmente, por esa sensibilidad que se hereda y no se hurta, a la creación artística. Lo conocí allá por los años sesenta, cuando era alumno de la facultad de Medicina de la Universidad de Guayaquil y, por supuesto, no solo se dedicaba a aprenderse e interpretar los libros de Anatomía, Biología o Química, sino también a seguir los mandatos de su inspiradora musa y a conversar, cuando había la oportunidad, con otros autores de poemas, imágenes y metáforas. Ya desde aquel entonces mantenía esos “delgados” versos, tan opuestos a los largos versículos, en los que el humor se convertía en una suerte de solidaridad y denuncia. También en esa época apareció en la capital ese grupo de poetas que quisieron cambiar el mensaje poético con nuevas formas de expresión y tratando de desacralizar lo que había sido solemne en el género. Me refiero al grupo de Los Tzántzicos, que dejó un importante material para incorporarlo a esa vanguardia siempre diferente del futuro.
Con toda justicia el Gobierno ecuatoriano le otorgó a Euler, el año 2009, el Premio Nacional de Cultura. Años antes, en 1962, cuando estudiaba en nuestro puerto, había sido el triunfador del certamen poético Ismael Pérez Pazmiño. Recordar a Euler es vivir la emoción de su mensaje siempre claro y abierto a todo público lector.