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Escapar del Estado y del estatismo
El Estado no es superior a la sociedad, ni equivalente a ella. Es inferior. Es su producto jurídico-político. Por tanto, confundirlos es un error. Pero es el deseo de los creyentes del totalitarismo de Luis XIV, quien dijo: “El Estado soy yo”. Esta es la premisa, conclusión y la lógica del neopopulismo de hoy, cara oculta del estatismo (y viceversa). Por esto desde los césares al presente, la política auténtica de la sociedad radica en revalidar y reposicionar la libertad y la democracia. Y en combatir a quienes con el Estado y estatismo pretenden devorar la sociedad. Por eso no hay que dejar que este aniquile la sociedad y su vitalidad.
El Estado es producto de un acuerdo de fuerzas y poderes (contrato sociopolítico). Pero se lo puede vender e imponer como un “a priori” y energía metahistórica de la sociedad y la ciudadanía. Cuando la colectividad vive crisis, mutaciones y cambios políticos, al Estado lo suelen erigir como la única y perfecta racionalidad, aparato y orden jurídico que da sentido a la sociedad.
Tiene diferentes formas de ser y de presentarse: despótico-autoritario, absolutista, clerical, laico, moderno, populista, socialista totalitario, liberal-republicano, neoliberal, democrático, plurinacional, desarrollista, etc. Detrás de estas formas y variantes siempre están y actúan fuerzas, grupos, clases, partidos, caudillos políticos que buscan tenerlo y controlarlo para imponer sus visiones, concepciones, lenguajes e ideas.
El Estado no es solo el poder organizado de la clase dominante (Marx). También es el control, organización, lenguaje y gramática ideológica-política de fuerzas y partidos de diversa orientación, entre ellos los socialistas del siglo XXI.
Hay tiempos de diferencias y rupturas. Siempre la sociedad vive asedios, acosos y asaltos de los estatistas para quienes solo el Estado es quien puede organizar, reglamentar, normar y legalizar las múltiples relaciones políticas, jurídicas, culturales, etc. de la sociedad. Por eso creen que es más que ella. Esta es una idea dogmática que AP promueve en Ecuador. Romper con esto es un deber, tarea y acción ciudadana.
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