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Vamos por mas ... deuda
El flamante gobierno se inaugura con un “nuevo” equipo negociador de deuda, dirigido por los mismísimos que amarraron los $12.000 millones anteriores. El presidente afirma que quiere renegociar las tasas de interés, y debemos presumir que es hacia abajo. El ministro de Comercio declara que no cree, y por lo tanto no habrá, ningún acuerdo de libre comercio, anunciando además la posibilidad de que vuelvan las restricciones a las importaciones porque sentencia que “hay que defender la balanza de pagos”. Quedamos a la espera del ordenamiento fiscal que la administración Moreno presentará para manejar el “saco de alacranes” que ha heredado.
Es evidente que el actual gobierno no fue parte de la negociación de los nuevos $2.000 millones que, al paso del consumo gubernamental, deberán durar unas tres semanas (¡quedando otras 49 por laborar!). Son dos tramos de $1.000 millones cada uno: el primero a seis años plazo con cupón de 8,75 %, y el segundo a 10 años y cupón de 9,62 %. Estos costos son los más altos del mundo, salvo los de Maduro, que son negociados con 70 % de descuento, y superan en 50 puntos bases (donde cien puntos bases = 1 %) a los obtenidos por el gobierno en enero. El diferencial se traduce en que, en los diez años de vigencia, los contribuyentes ecuatorianos deberán pagar $50 millones adicionales en intereses solo por el insaciable apetito fiscal.
Pero la verdadera dimensión del compromiso presidencial se la puede apreciar al cotejar los costos del endeudamiento ecuatoriano con el costo “normal” que puede obtenerse si tenemos calificación de crédito similar a la de otros países de la región. Como la experiencia argentina lo demuestra, este costo normal se ubica unos 400 puntos bases por debajo de lo que el país debe pagar. En 10 años los diferenciales de costos se traducen en $400 millones por cada $1.000 millones, y para el período del presente gobierno, por los $12.000 millones adeudados en el tramo de bonos, en $1.920 millones.
No considero por el momento los $48.000 millones de pasivos adicionales, porque hallo de mal gusto inducir a la depresión colectiva.
Son costos atribuibles a los experimentos revolucionarios en materia fiscal y al irresponsable manejo del crédito público, los mismos que deberán ser pagados por los contribuyentes.
El mensaje para el ministro de Comercio es: señor, preocúpese de la balanza de pagos sí, pero que le quede claro que los problemas no vienen por el lado de las importaciones (balanza comercial), sino por la Cuenta Corriente. Uds. resuelvan el tema fiscal, y la balanza de pagos se arreglará sin que Ud. la mire. Tenga cuidado con sus expresiones, pues, debemos presumir que mandará a los europeos a la punta del cuerno y a los gringos al carajo, y les dirá que no cree en los acuerdos comerciales. De toda forma, le deseamos que le vaya bonito negociando con el Sr. Trump las preferencias arancelarias.
Finalmente, quedamos a la espera de las buenas nuevas que nos traiga el ministro de Finanzas respecto de cómo va a reducir el tamaño del Estado, del 40 % al 25 % de la economía, para resolver su problema fiscal, sin recesión, y sin tener que inflar la economía con su truco favorito: el dinero electrónico.