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Diario Expreso Ecuador

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Cumbre de cancilleres por los migrantes

Representantes de 13 países invitados a Quito. El problema desborda a la solidaridad.

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Una cumbre regional debatirá entre el 17 y 18 de septiembre en Quito la situación de los ciudadanos venezolanos.

El canciller ecuatoriano José Valencia entregará formalmente las invitaciones a los embajadores de 13 países: Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Chile, México, Perú, Paraguay, Panamá, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

El éxodo de venezolanos no ha parado desde hace varios meses. En el Ecuador la llegada de los ciudadanos se incrementó a partir de junio. La exigencia del pasaporte que entró en vigencia el sábado pasado no ha frenado el ingreso por la frontera de Rumichaca.

Algunos están en tránsito a Perú. Otros piensan quedarse. Entre ellos unos 150 ciudadanos venezolanos que permanecen en la parte alta del intercambiador de Carcelén, norte de Quito. Están en improvisadas carpas cubiertas con plásticos y lonas, que levantaron hace casi dos meses.

No quieren saber nada de mudarse a los albergues dispuestos en distintos puntos de la capital. El Municipio, a través de la Secretaría de Seguridad, impulsa socializaciones para recuperar el espacio público que al momento está rodeado de basura, la tierra y el esmog de los vehículos. Cristian Rivera dice que los ciudadanos están expuestos a varios ilícitos.

Una de las razones por las que no quieren irse es porque creen que a los albergues no llega la ayuda diaria en ropa, alimentación y dinero que en el campamento sí reciben de voluntarios quiteños, señala Nazareth Viloria, oriunda de San Cristóbal, Táchira.

Ella dice que la situación en su país es complicada por la carencia de alimentos y medicinas, y por eso se fue.

Cuenta que en el campamento hay 11 coordinadores, liderados por Julio, quienes se hacen cargo de la logística de los recién llegados. Por el sitio pasan cientos de sus compatriotas. Unos están de paso a Perú, pero otros como Edwary Rivero, de 23 años, ya piensan radicarse en Quito. Vende cigarrillos, caramelos y chocolates en el Trolebús y no ha sido mal vista ni recibido malos tratos o explotación como denuncian sus compañeros.

Alfredo Guerrero tiene 24 años y se queja porque asegura haber trabajado un mes y medio y no le pagaron.

Las denuncias no faltan en el sitio. Sin abundar en detalles relatan que ecuatorianos fueron a buscar trabajadores y los abandonaron, sus compañeras han sufrido acoso o intento de abuso sexual.

Organización

Coordinación

Los venezolanos de Carcelén se han puesto una meta: si les van a reubicar que sea a todos y en un solo lugar. Dicen que no están solos, reciben ayuda y asesoramiento. “Somos un grupo organizado, el principal es Julio. Llegamos 11 personas para organizar todo y hemos recibido a 200 o 300”, dice Nazareth Viloria.

Vida diaria

No tienen agua y para ducharse deben pagar un dólar en un lugar cercano al campamento. Si requieren ir al baño deben ir a pagar hasta 25 centavos en los baños de la terminal de Carcelén. Muchos recibieron molestos a los periodistas. Dicen que se han tergiversado sus declaraciones y que no exigen, sino piden ayuda.

Vigilancia

La Policía custodia el campamento

A pocos pasos del improvisado campamento un vehículo policial equipado con cámaras e implementos permanece en el sitio. El lunes en ese lugar se produjo una gresca, reconocen los ciudadanos venezolanos, pero señalan que fue provocada por colombianos que también se instalaron en las carpas. Niegan que se expenda droga o sustancias ilícitas o que exista trata de personas como se denunció la semana pasada. Constantemente llegan personas en vehículos para brindarles ayuda especialmente en comida. Reciben tarrinas plásticas con arroz con pollo, sánduches, café, refrescos y agua.

Frontera

Peregrinaje de desafío con frío

Un intenso frío acompaña en la carretera a decenas de venezolanos que desafiaron la disposición ecuatoriana de presentar pasaporte para ingresar en el país y emprendieron un angustiado viaje a pie o en camiones con la mirada puesta en Perú. En la madrugada, decenas de venezolanos varados en la frontera sin pasaporte decidieron caminar en grupos para reunirse poco después, en una primera parada en las afueras de Tulcán, a unos 7 kilómetros de la frontera. Desde allí comenzaron un angustioso peregrinar para llegar a Perú antes del sábado cuando también necesitarán el pasaporte para cruzar.

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