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No creamos futuro
En el afán equivocado de que el mal individuo traslade su responsabilidad y culpa a terceros para que otros terminen pagando por sus yerros y faltas en medio de la desconfianza de todo y de todos, que nos lleva a ver perversión en toda parte; en la apetencia de generalizar lo particular y de universalizar la falta individual, hemos caído en disposiciones que ciertamente ofenden y que sin duda desalientan a quien se siente vocacionado para ser educador.
Nos referimos a la penosa costumbre que está generalizándose en el siglo XXI, de tener que demostrar la inocencia personal sin tener culpa y que ha llevado a implantar en nuestro medio la obligatoriedad del educador para que dos veces al año rinda exámenes psicológicos y de personalidad. Ser maestro es estar bajo sospecha y por ello siempre bajo la lupa.
Es verdad, cierto y lamentable que ha habido malos educadores, pero quienes fallaron no lo hicieron por ser profesores sino por ser finalmente malas personas, malos seres humanos, malos individuos que pervertidos y destruidos moralmente, encontraron la oportunidad para dañar y marcar mentes, almas y corazones; cosa que hubiesen hecho de estar ejerciendo cualquier otra profesión u oficio.
Afirmamos eso, porque malos profesionales hay en cualquier área del saber y del conocimiento humano, y sin embargo de ello, no se pide la misma rendición de cuentas y garantías psicológicas a ningún otro profesional, llámese médico, psicólogo, psiquiatra, abogado, consejero etc. ¿Por qué solo al profesor? ¿Por qué no, por ejemplo, a los políticos, que desde una curul o una función pueden hacer daño parecido o más grave aún? Y es que nos preocupa el futuro.
Ya ahora es difícil encontrar profesores, ya hoy pocos son los que quieren seguir la carrera pedagógica y si a eso le agregamos desconfianza, resquemor, sospecha social y la humillación de ser el único profesional que deba probar su inocencia moral y garantizar su psiquis, cada vez será menos atractivo para cualquiera ser educador.
Es verdad que requerimos un retrato inicial para la selección pero ¡no exageremos!