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Caramelos mortales
El microtráfico ataca con fuerza a los sectores pobres de la ciudad. Su acción destructora es tenaz y continua. No para en su asedio de perversión y destrucción de la cultura y la vida de miles de niños, adolescentes y jóvenes de esos estratos. Es como si hubiera decidido tomar y tener dominio sobre los barrios marginales.
Policía y autoridades encargadas de vigilar y perseguir a estas peligrosas organizaciones (verdaderas maquinarias que destrozan la vida de jóvenes de los sectores populares), ya están actuando sobre esta nueva modalidad del microtráfico.
Mas pareciera que ha diseñado una táctica del gato y el ratón. Pues cuando policía y fuerzas antidrogas vigilan y atacan a los microtraficantes, inmediatamente se trasladan hacia otros lugares donde viven gran cantidad de jóvenes de zonas de escasos recursos.
Es una guerra sin cuartel que policía y autoridades la hacen sin darles tregua. En este aspecto su acción merece todo el respaldo, apoyo y felicitaciones de la ciudadanía. Sin embargo, gracias a su eficiente trabajo, hoy en la urbe estas redes de expendedores de drogas han cambiado su estrategia de comercialización.
En la zona 8 la acción policial antidroga ha dado lugar a que el microtráfico ahora encumbre su siniestra actividad. Con ingenio perverso y destructor ha creado una forma de camuflaje para la H, marihuana y cocaína en pequeños paquetes envueltos como caramelos (porque hasta esa forma le dan). Los hacen con distinta envoltura para diferenciar el tipo de estupefaciente que comercializan en esos sectores.
Los nuevos “caramelos mortales” son detectados por la vigilancia policial como otra modalidad de encubrimiento para la libre venta, pero el ciudadano común puede creer que jóvenes y adolescentes simplemente están comprando golosinas, sin sospechar que su contenido es de una diversidad de estupefacientes.
Bueno es que autoridades y policías detecten este disfraz de comercialización de la droga, cuyo descubrimiento con seguridad se traducirá en avances y nuevos éxitos para apresar a los traficantes que ejercen este crimen contra jóvenes. Policía, autoridades y ciudadanía deben estar unidas en esta guerra sin cuartel, que la tienen que ganar aquellos que saben que estos pequeñitos paquetes de colores son reales caramelos de la muerte.