La caminata sobre el fuego, un rito ancestral

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La caminata sobre el fuego, un rito ancestral

La vertiente sagrada fue el lugar escogido para la ceremonia. El acto les tomó un mes de arreglo a los taytas para no quemarse.

La caminata sobre el fuego, un rito ancestral

¡Juyayay! (alegría en quichua) era el grito unánime de quienes minutos antes habían recibido la purificación del nina (fuego) en un ritual andino conocido como “Caminata sobre el Fuego”, celebrado el pasado fin de semana en Riobamba.

La ceremonia formaba parte de la feria Yachak Pacha (tiempo de conocimiento) que se organizó como preludio de las fiestas del Inty Raymi.

El lugar escogido por los yachaks fue la Waita Siza, vertiente de Santa Cruz, ubicada en el sector conocido como San Luis Chico.

La vertiente es considerada por los pueblos originarios como sitio sagrado porque permite establecer una conexión profunda con la Pachamama (tierra) y porque en ella convergen los tres mundos de su cosmovisión: el Uku Pacha (mundo de abajo), Kay Pacha (terrenal o el mundo presente) y el Hanan Pacha (mundo de arriba o de las divinidades).

El afluente hídrico está ubicado al sur de la ciudad y para quienes participaron de este culto llegar al lugar significó una caminata de aproximadamente cinco kilómetros por un terreno agreste y con la presencia de lodazales.

En el trayecto, tanto al ingreso como a la salida, más de uno perdió parte del calzado, lo que se considera una ofrenda para la Pachamama.

Caían los últimos rayos de sol cuando al sonido del tambor, inició el rito solicitando el permiso correspondiente, pues nada en el universo se realiza sin el debido consentimiento de la naturaleza, explica Lucita Pineda, ministra de la Mujer y ritualista calificada, quien junto al sacerdote andino Enrique Santillán presidió el evento.

El primero fue el Tayta Enrique, que al tercer sonido del churo, ofrendó su caminata por el bienestar de su pueblo y atravesó los carbones encendidos, en ese momento solo los rayos de la luna llena iluminaba el paisaje, uno a uno le siguieron los invitados especiales.

Cada uno decía sus oraciones y atravesaba las brasas, para luego formar un círculo hasta completar tres recorridos.

Lucita detalló el objetivo de este ritual: “Recibimos la fuerza y la energía del sagrado fuego y lo llevamos siempre en el corazón” señaló, además aclaró que esto lo hacían desde los antepasados, quienes encendían las grandes hogueras para ayudar al Dios Inti, que pensaban se hacía débil, porque hasta llegar al solsticio el 21 de junio, día del Inty Raymi, los días eran más cortos.

Una vez terminado el ritual, los concurrentes dan brincos entonando el juyayay, y danzan en círculo para agradecer la fuerza otorgada y vibrar en armonía con la naturaleza.

Con este ritual, la Organización de Pueblos Originarios de América busca visibilizar las tradiciones de sus antepasados a la ciudadanía para convivir en armonía y respecto a su cultura.

Cuatro yachas pudieron llegar

Lucita reveló que realizar este ritual no es fácil, toma un mes de preparación, “El sacerdote debe preparase, caminando, amaneciendo, compartiendo con la Madre Tierra, realiza meditaciones en sitios sagrados como cascadas, montes y círculos sagrados”, manifestó. Destacó que ocho sabios se estaban preparando para esta ceremonia, pero que al final solo cuatro pudieron completarla. Es de mucha concentración, “deben conectarse con las huacas” repite, además advirtió que si el tayta no está preparado puede hacer que los acompañantes sufran quemaduras. Por su lado, Enrique Santillán dijo que para ayudar con su energía se sometió a una dieta especial durante un mes y los últimos quince días debió cumplir un ayuno estricto.

““En las mañanas con los primeros rayos del Inti cumplo con las oraciones para pedir fuerza para seguir con el trabajo en favor de la comunidad, además realicé las ofrendas, como sacerdote llevo 57 años presidiendo este acto”, finalizó.