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La calidad de la obra publica
Son algunos los países, tal cual el Ecuador, que denominan invierno a la estación lluviosa, de mayor pluviosidad. Sin que la observable estos días pueda ser atribuida al fenómeno denominado El Niño, es evidente que los aguaceros, generalmente repentinos y de corta duración, se han manifestado especialmente copiosos y prolongados, perjudicando a las diversas regiones del país.
De lo que se conoce, once provincias son las más afectadas y tanto en sus zonas urbanas como en las rurales se pueden observar inundaciones que no únicamente destruyen a las viviendas o a los cultivos, sino también a la obra pública circundante.
Aunque el hecho no es una situación extraña en la vida nacional, sí es digno de atención conocer que pese a un amplio y publicitado esfuerzo por dotar de la infraestructura apropiada para garantizar el adecuado transporte de bienes y personas, dicha infraestructura se manifiesta lábil, y son múltiples las zonas que han quedado aisladas en razón del grave deterioro sufrido por las vías de comunicación, que se asumía estaban construidas a base de especificaciones técnicas orientadas a resistir precipitaciones de mayor volumen, tal cual las esperadas en razón del por suerte todavía ausente El Niño.
Cuando se observa la magnitud de los deterioros ocasionados en razón de las lluvias, trátese de cortes o deslizamientos, es posible pensar que esas especificaciones no se cumplieron o que, al menos, las vías no han recibido un adecuado mantenimiento. Cualesquiera de las dos situaciones son anomalías a subsanar, más todavía cuando autoridades locales han presentado formalmente la denuncia de lo insuficiente de algunos trabajos, señalando incluso a las empresas que a su criterio han incumplido las obligaciones contractuales.
Gigantesco ha sido el esfuerzo económico del país para dotarse de infraestructura vial construida con la calidad requerida para garantizar largos periodos de uso sin mayor deterioro. De igual manera cabe reflexionar respecto al control de inundaciones. Claro que siempre se podrá señalar que estas podrían haber sido mayores de no mediar las obras efectuadas pero, no cabe duda que a las poblaciones perjudicadas ese argumento no les es suficiente.
Hace falta un pronunciamiento oficial que impidan el prematuro desencanto y la frustración.