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La lectura de la destitución de Rousseff no puede estar más polarizada. Mientras nuestro Gobierno lo califica como un golpe de Estado y un intento de revocar a la izquierda en Latinoamérica, nuestra oposición lo percibe como consecuencia de instituciones democráticas fuertes: si el Congreso pudo destituirla, eso significa que hay independencia de poderes. Un evento así fuera impensable en Venezuela. Es triste observar que -producto de nuestra experiencia en la región los últimos diez años- nuestra idea de democracia se encuentra por los suelos. Un grupo opositor logra derrocar a un presidente de izquierda de forma “legal” y automáticamente estamos ante un Estado de derecho. Puedo apreciar cómo las ansias por ver esto como el inicio del final del socialismo del siglo XXI lleva a lecturas y pronunciamientos equivocados, de los que puede haber arrepentimiento después. Comparto la opinión de Aníbal Pérez-Liñán, autor del libro Presidential Impeachment and the New Political Instability in Latin America, sobre este tema: “Durante su primera administración, Dilma tuvo tasas de aprobación superiores al 50 %, pero en 2014 su respaldo público cayó al 36 %, y el año pasado llegó al 10 %. En este escenario de desprestigio estallaron los escándalos por corrupción en la empresa Petrobras, que no afectaron a la presidenta directamente pero sí a casi toda la clase política, con directa responsabilidad del PT. Enfrentados con el escándalo, los propios aliados de Dilma decidieron sacrificar a la presidenta para calmar a la opinión pública”. No estamos ante un golpe de Estado perpetrado por la derecha, como afirma nuestro Gobierno, porque fueron sus mismos compañeros quienes pactaron para sacrificar al jefe por el bienestar de la manada, ignorando que terminarían convirtiendo a Rousseff en una víctima ante los ojos de sus electores. La imagen de una élite política corrupta (conformada por hombres) frente a una mujer con un historial de lucha contra la dictadura, permanecerá. Rousseff lo dijo: “Esta historia no se acaba así. Nosotros volveremos”. Si juegan las cartas bien, tal vez incluso con más fuerza.

colaboradores@granasa.com.ec

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