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El artesano musicologo destacado por la Unesco
La habilidad, paciencia y cumplimiento son su marca al realizar sus obras. Se trata del artesano azuayo Saúl Benalcázar Torres, de 58 años. Es un luthier, un hombre dedicado a la elaboración de instrumentos musicales de madera.

La habilidad, paciencia y cumplimiento son su marca al realizar sus obras. Se trata del artesano azuayo Saúl Benalcázar Torres, de 58 años. Es un luthier, un hombre dedicado a la elaboración de instrumentos musicales de madera.
En septiembre del 2014 obtuvo el título a la ‘Excelencia artesanal’, conferido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y Cultura (Unesco).
Nativo de la parroquia San Bartolomé, del cantón azuayo Sígsig, cuna de grandes fabricantes artesanales de guitarras, violines y otros instrumentos de cuerda, ha decidido mantener el oficio que aprendió de su abuelo y de su padre, con el agregado de un título universitario en Musicología, logrado en la Universidad del Azuay.
Desde hace 44 años Saúl radica en Cuenca, donde montó su taller para la elaboración de los instrumentos musicales en madera. Allí también repara aquellos que les llegan dañados.
Con nostalgia, recuerda sus inicios en el oficio: “Fue a mis 17 años que hice la primera guitarra, con la ayuda de mi padre y de mi abuelo; la compró un artista extranjero, no recuerdo su nombre”, expresa Saúl mientras dobla partes de una guitarra en proceso.
“Esos fueron mis primeros ingresos económicos gracias a la habilidad que heredé de mi padre, Manuel, quien aprendió de mi abuelo, llamado también Manuel”, sostiene el hombre tras puntualizar que su abuelo había aprendido el oficio de unos españoles que habitaban su natal San Bartolomé.
“Con este oficio mi padre pudo mantenernos a mi madre y a seis hermanos, tres de los cuales continuamos haciendo estos instrumentos”, cuenta Saúl.
Durante el proceso de aprendizaje y perfeccionamiento, ingresé a la facultad de Musicología de la Universidad del Azuay obteniendo el título de Musicólogo, carrera que me ha servido de mucho, no para construir los instrumentos, sino para de manera técnica afinar las cuerdas”, asevera Benalcázar al afirmar que, sin embargo, nunca aprendió a tocar canciones completas con los instrumentos que él elabora.
Su especialización es hacer mandolinas, instrumento nativo de Italia, de cuatro cuerdas dobles que sirve para las melodías, y se diferencia del charango en que se utiliza solo para el acompañamiento musical.
La mandolina se afina de igual manera que el violín, es muy utilizada en las rondallas españolas y apetecida en el exterior, en donde intenta promocionar y vender sus instrumentos “que desde el 3 de septiembre del 2014 tienen la certificación a la excelencia”, indica.
La jornada de trabajo de Saúl comienza todos los días a las siete de mañana, luego de llevar a su única hija al colegio; mientras tanto, su esposa se dirige a atender en un local de abacería en el interior del mercado Diez de Agosto.
Benalcázar cuenta como anécdota que tuvo la oportunidad de restaurar una guitarra española del siglo XVII enconchada, “una hermosa guitarra, quedó muy bien”, dice sonriente. (F)