
El arte del retrato hizo de ellos una estampa local
Los artesanos. En su mayoría no utilizan borrador. Sus años de experiencia en el dibujo los ‘obligan’ a no necesitar de este elemento al momento de crear.
Inicialmente fueron veinte, pero la crisis y el hecho de no aguantar la responsabilidad de permanecer allí todo el día redujeron el número a doce. A doce artesanos que pintan. Que elaboran caricaturas, retratos e impecables (y coloridos) cuadros en la ciudad.
Son miembros de la Asociación de Artistas Plásticos 9 de Octubre. Y se sitúan, cada uno con su respectivo caballete (soporte en el que se apoya al lienzo), a lo largo del malecón Simón Bolívar, entre las calles Eloy Alfaro y Junín.
Allí, con cartulinas, aerosoles y carboncillos en mano, en medio de este ícono turístico, lleno de historia y tradición, ellos recogen las anécdotas, creencias, gustos y pedidos de sus clientes.
A Roberto Castillo, por ejemplo, generalmente le llegan clientes que quieren ver plasmado sobre el papel su rostro, pero con el cuerpo de otro: ustedes saben, un tanto ‘mejorado’. A veces ‘tuco’ y otros, delgado. “Hace poco, de hecho, una joven vino a retratarse en el cuerpo de Marilyn (Monroe). Así, tal y como aparece en las fotografías, con ese vestido blanco, de escote y muchos pliegues”, cuenta.
Castillo es el vicepresidente del gremio. Lleva doce años creando obras con lápiz, pincel y plumón. Su gusto por la pintura surgió en la infancia, coloreando las paredes y anaqueles de su hogar. Estudió en el colegio de Bellas Artes, graduándose de técnico. La práctica la perfeccionó en la calle, fuera del país.
Estuvo en Roma (Italia) tres años. Viajó con la finalidad de probar suerte. Allá aprendió el idioma y también sobre la gente y del resto de artistas que, a diferencia de los que laboran en Ecuador, dice, son tratados como lo que son: unos profesionales de verdad.
Castillo, quien se instala de lunes a domingo en el malecón a partir de las 10:00 (no tiene horario de salida, su estadía varía según la afluencia de personas), ha dibujado a cómicos, deportistas, presentadores de televisión. De ellos, en un máximo de quince minutos, ha extraído sus rasgos y posturas más importantes. Sus obras son perfectas, incluso las de artistas mexicanos, londinenses y estadounidenses, como Roberto Gómez Bolaños, Elton John y Madonna.
Pero eso no es todo, su bagaje incluye la gran anécdota de haber pintado en persona a Bill Cosby y a los miembros de la banda estadounidense Hanson (muy de moda en los noventa), en los alrededores del Vaticano, el lugar que se convirtió en su refugio y el rincón donde exhibió sus lienzos artísticos y callejeros, y esos cuadros que aún elabora en óleo.
Unos metros más adelante se sitúan Francisco Aguada y Édgar Jaime. Separados uno del otro por no más de dos cuadras, este par de amigos no compiten por los clientes. “Hay espacio para todos”, dice el primero, “cada uno tiene su técnica, metodología y clientela más o menos fija”.
Jaime, quien ha retratado entre otros personajes a la cantante Silvana Ibarra y a los jugadores de Barcelona, por ejemplo, es perito en retratar bebés y personas de la tercera edad. De ellos saca su esencia, brillo, líneas de expresión. De hecho sus creaciones son tan buenas que en más de una ocasión ha sido contratado para retratar a los invitados de sonadas bodas en Guayaquil.
Ambos están contentos y se sienten conformes con su labor. Sin embargo, al igual que Castillo, solicitan a las autoridades y empresas privadas que les den más oportunidades para exponer sus trabajos y mostrar así su talento al Ecuador.
“Le apostamos a los concursos, nos gustaría que haya muchos más. Podemos, asimismo, ir a ferias, presentaciones locales e internacionales, tradicionales o llenas de glamour. Estamos listos para todo, tan solo buscamos una oportunidad para difundir, aún más, el arte pictórico en la urbe”, concluyó Jaime.