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Diario Expreso Ecuador

SALUD MENTAL Y ACCESO

Kumpana: el modelo de salud mental que busca ampliar el acceso a terapia desde 5 dólares en Ecuador

Kumpana nació en 2021 como iniciativa estudiantil y hoy ofrece atención psicológica con tarifas diferenciadas para hacerla más accesible

Kumpana reúne especialistas en distintas áreas de la psicología y ofrece atención con tarifas diferenciadas para facilitar el acceso a salud mental en Ecuador.

Kumpana reúne especialistas en distintas áreas de la psicología y ofrece atención con tarifas diferenciadas para facilitar el acceso a salud mental en Ecuador.Kumpana

Génesis Parrales
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Lo que debes saber sobre Kumpana 

  • Kumpana ofrece consultas psicológicas virtuales desde $ 5 y presenciales desde $ 7, con el objetivo de reducir la barrera económica y ampliar el acceso a la atención en salud mental.
  • La organización cuenta con un equipo de 35 profesionales y ofrece atención individual, de pareja y familiar, además de servicios para neurodivergencias y adicciones.
  • Kumpana comenzó en 2021 como un proyecto estudiantil vinculado a comunidades kichwas y actualmente tiene sesiones presenciales en Quito y Guayaquil.

Buscar ayuda psicológica puede parecer una decisión sencilla hasta que aparecen las barreras que pueden impedirla. Las personas se enfrentan al precio de una consulta, la distancia hasta un profesional, la falta de cupos o incluso la idea de que acudir a terapia es señal de debilidad.

Hace cinco años, esas barreras comenzaron a definir el trabajo de Kumpana, una iniciativa que nació en medio de la pandemia como un proyecto estudiantil y que ahora funciona como una empresa social dedicada a la atención psicológica.

Su fundador, Sebastián Velasco, psicólogo general con una maestría en psicología comunitaria, tenía 21 años cuando comenzó el proyecto. Hoy, a sus 26, recuerda que el punto de partida no estuvo en un consultorio, sino frente a una pantalla.

En 2021, mientras cursaba el sexto semestre de Psicología en la Universidad San Francisco de Quito, Velasco y un grupo de entre 15 y 20 estudiantes se vinculó con la Fundación Kyllkay para desarrollar actividades virtuales de psicoeducación con comunidades kichwas de Otavalo, entre ellas Turucu y Peguche.

Allí encontraron personas que necesitaban hablar sobre ansiedad, depresión y autoestima, pero también una realidad más básica: algunas nunca habían visto a un psicólogo y ni siquiera sabían si existía uno disponible en su comunidad.

La experiencia llevó a Velasco a cuestionar dónde estaba llegando la psicología y, sobre todo, a quién estaba dejando fuera. “En las comunidades kichwas no hay salud mental, no hay ningún tipo de salud mental, ni clínica, ni comunitaria, absolutamente nada”, recuerda.

Sebastián Velasco, fundador de Kumpana, impulsa un modelo de atención psicológica enfocado en ampliar el acceso a salud mental.

Sebastián Velasco, fundador de Kumpana, impulsa un modelo de atención psicológica enfocado en ampliar el acceso a salud mental.Instagram: @sebasdekumpana

De esa preocupación nació Kumpana. El nombre proviene del kichwa y hace referencia a “acompañar”. La idea era llevar ese acompañamiento hacia lugares donde el acceso a la atención psicológica era limitado.

Cinco años después, la organización intenta resolver la misma pregunta desde otro frente: ¿cómo hacer que una persona pueda acceder a terapia y mantenerla cuando no tiene suficientes recursos económicos?

Cuando pagar una consulta también determina quién recibe terapia

El costo es una de las barreras que Kumpana ha identificado durante su trabajo. Velasco sostiene que durante estos años también han encontrado obstáculos relacionados con el estigma. Entre ellos, la creencia de que ir al psicólogo es “de locos”, que los hombres no deben mostrar vulnerabilidad o que la ansiedad y la depresión pueden resolverse únicamente con voluntad.

En su experiencia, los jóvenes han mostrado una mayor disposición para cuestionar esas ideas y hablar sobre salud mental; pero que una persona esté dispuesta a pedir ayuda no significa necesariamente que pueda pagarla.

Por eso, Kumpana desarrolló un sistema de tarifas diferenciadas. Antes de establecer el precio de la consulta, recoge información socioeconómica del usuario: si tiene empleo, si estudia, de dónde provienen sus ingresos y si tiene personas que dependen económicamente de él, entre otros aspectos.

La organización confía en que el usuario responda con honestidad para determinar cuánto puede pagar y sostener, a la vez, el funcionamiento del servicio. La tarifa virtual más baja es de $5 y la presencial de $7. Los valores más altos llegan a $35 para una consulta virtual y $40 para una presencial.

El sistema también contempla que la capacidad de pago puede cambiar, es decir, una persona que comenzó su proceso pagando $15 puede reducir la tarifa a $10 o $5 si pierde su empleo o atraviesa una dificultad económica. La intención es evitar que una crisis financiera interrumpa automáticamente un proceso de atención.

Para Velasco, conservar ese acompañamiento puede ayudar a una persona a ordenar sus pensamientos y desarrollar estrategias mientras atraviesa el desempleo. Así, el modelo intenta responder a una dificultad frecuente: la salud mental compite con otras necesidades económicas, pues, cuando el dinero escasea, dice Velasco, las personas suelen dejar la terapia antes que otros gastos considerados prioritarios.

Una consulta de $5 no implica un profesional en formación

La tarifa diferenciada también plantea una pregunta sobre la calidad de la atención, pues muchas veces se llega a creer que “lo barato sale caro”. Velasco cuenta que algunos usuarios preguntaban si, por pagar menos, serían atendidos por un estudiante. La respuesta de Kumpana es que las consultas están a cargo de profesionales graduados y habilitados para ejercer.

La organización cuenta con un equipo de 35 profesionales y aplica evaluaciones después de las atenciones, talleres y actividades. Con estas preguntas, los usuarios pueden expresar cómo se sintieron y señalar qué podría mejorarse durante las intervenciones.

Los profesionales de Kumpana brindan atención individual, de pareja y familiar, además de acompañamiento en distintas necesidades de salud mental.

Los profesionales de Kumpana brindan atención individual, de pareja y familiar, además de acompañamiento en distintas necesidades de salud mental.Kumpana

La oferta de Kumpana abarca terapia individual, de pareja y familiar. A esto se sumó, hace aproximadamente tres meses, un aula de atención a las neurodivergencias, destinada a evaluación, tratamiento y acompañamiento de personas neurodivergentes.

El espacio contempla casos relacionados con autismo, déficit de atención y altas capacidades. También cuentan con terapia ocupacional y atención para problemas relacionados con adicciones.

El desafío no termina en conseguir una primera cita

Para Kumpana, el acceso no se limita a bajar el precio de una consulta. Velasco plantea que una persona puede comenzar terapia, pero abandonar el proceso cuando pierde su empleo, cambia su situación familiar o simplemente deja de considerar la salud mental como una prioridad.

Por eso, el modelo de tarifa flexible busca que el precio pueda adaptarse a la situación económica del usuario. La organización, sin embargo, también tuvo que encontrar una forma de sostener financieramente esa propuesta.

Durante sus primeros años, Velasco y sus compañeros vendían pasteles, gelatinas y galletas en parques para conseguir recursos y financiar consultas de menor costo. Los profesionales llegaban a cobrar $2, $4 o $6 por atención, pero se dieron cuenta que el sistema no era sostenible.

Fue entonces cuando Kumpana optó por un modelo en el que los usuarios pagan diferentes valores: quienes tienen mayor capacidad económica contribuyen a sostener las atenciones de quienes pagan las tarifas más bajas.

Quito y Guayaquil muestran necesidades distintas

Kumpana comenzó sus actividades completamente en línea el 30 de enero de 2021. Dos años después, el 15 de octubre de 2023, abrió su primera Casa Kumpana en Quito. En Guayaquil, la organización inició con un pequeño consultorio el 1 de julio de 2026, que funcionó durante un mes. Luego, el 6 de agosto, abrió oficialmente Casa Kumpana en la ciudad.

La experiencia en ambas ciudades también ha permitido a Kumpana identificar diferencias en los motivos de consulta, aunque se trata de observaciones de la propia organización y no de una medición epidemiológica de la salud mental de Quito o Guayaquil.

En Quito, Velasco identifica principalmente a jóvenes que buscan atención por problemas de autoestima, ansiedad ante el futuro e incertidumbre. En Guayaquil, en cambio, observa consultas relacionadas con el estrés, especialmente por situaciones asociadas con la crisis de inseguridad que atraviesa la ciudad.

Salud mental más allá del consultorio

La apuesta de Kumpana no se limita a la terapia individual. Velasco dice que la organización intenta acercarse al modelo de salud mental comunitaria, eso implica generar espacios en los que la salud mental pueda abordarse también de manera colectiva. Su objetivo principal es generar espacios de conversación y promover el cuidado comunitario.

En uno de sus talleres se abordó la llamada “crisis de los 20”, en la que los participantes conversaron sobre sus preocupaciones frente al futuro, su identidad y el mundo que los rodea. Para Velasco, este tipo de actividades también constituye una forma de intervención comunitaria.

La propuesta parte de una idea distinta a la de esperar que una persona llegue al consultorio cuando el malestar ya está presente. Busca generar espacios de conversación y prevención antes de que la atención se limite a responder ante una crisis.

El problema que Kumpana ve en el sistema público

Después de cinco años de trabajo, Velasco considera que Ecuador necesita cambios estructurales para ampliar el acceso a la salud mental. Por ello, propone crear un sistema de salud mental independiente y efectivo.

El planteamiento parte de una contradicción que, a su juicio, existe en el país: hay personas que necesitan atención psicológica y, al mismo tiempo, hay profesionales recién graduados que buscan oportunidades para adquirir experiencia.

“Hay demanda porque hay personas que necesitan psicólogo y hay oferta porque hay psicólogos que necesitan esa atención”, sostiene. Por eso propone crear una especie de rural para psicólogos, similar al que realizan otros profesionales de la salud.

La propuesta incluiría a psicólogos clínicos y educativos que ya terminaron sus estudios y están habilitados para atender, ellos podrían ser enviados a sectores donde existe una mayor necesidad de acompañamiento psicológico. Velasco menciona precisamente las comunidades donde comenzó su trabajo: Turucu y Peguche.

La idea sería crear un mecanismo que permita llevar profesionales a esos territorios, acompañar a la población, escuchar sus necesidades y generar atención sostenida. “¿Cómo conectamos a estos dos puntos que necesitan conectarse de alguna manera? O sea, la oportunidad está ahí, pero no lo estamos haciendo”, cuestiona Velasco.

El planteamiento, aclara, es una propuesta general y no la única solución posible. Para él, forma parte de las medidas que deberían discutirse con urgencia. Su visión es que el país cuente con un sistema capaz de distribuir profesionales, evaluar la atención y garantizar servicios de calidad en distintas zonas del Ecuador.

Cinco años después, la pregunta sigue siendo la misma

Kumpana empezó como un grupo de estudiantes que atendía de manera virtual a comunidades kichwas durante la pandemia. El proyecto creció, incorporó atención presencial, amplió sus servicios y desarrolló un sistema de tarifas que intenta responder a una de las barreras más concretas para acceder a terapia: el dinero.

Pero la experiencia también deja una pregunta que va más allá de una organización: qué ocurre con quienes necesitan atención psicológica y no pueden pagarla, no encuentran un profesional cerca o no consiguen una cita en el sistema público.

Casa Kumpana en Guayaquil comenzó a funcionar en agosto de 2026 como parte de la expansión del servicio de atención psicológica.

Casa Kumpana en Guayaquil comenzó a funcionar en agosto de 2026 como parte de la expansión del servicio de atención psicológica.Kumpana

La respuesta de Velasco apunta hacia un problema estructural. Para él, Ecuador necesita dejar de pensar la salud mental únicamente como una atención individual y construir mecanismos que permitan llevar profesionales y servicios hacia los lugares donde hacen falta.

Ese es el desafío que Kumpana identificó hace cinco años en las comunidades kichwas y que ahora intenta abordar desde sus consultorios: que buscar ayuda psicológica no dependa únicamente de cuánto puede pagar una persona, de dónde vive o de si consigue un cupo.

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