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Diario Expreso Ecuador

Adolfo Macías Huerta explora el origen del lenguaje y la psicosis en 'La ceremonia de los pájaros'

El autorentrelaza lenguaje, misticismo y locura en una historia donde un joven busca una lengua originaria y enfrenta los límites de lo humano

Adolfo Macías Huerta es escritor y psicoterapeuta. Cuenta con una extensa bibliografía, entre la que constan obras como Precipicio portátil para damas, Las niñas, El Dios que ríe

Adolfo Macías Huerta es escritor y psicoterapeuta. Cuenta con una extensa bibliografía, entre la que constan obras como Precipicio portátil para damas, Las niñas, El Dios que ríeLeonardo Velasco Palomeque

Mariella Toranzos
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Explorar el universo de las palabras

  • La ceremonia de los pájaros, de Adolfo Macías Huerta, sigue a Gabriel, un estudiante en Madrid que, tras la enfermedad y muerte de su padre, se sumerge en una búsqueda sobre el origen del lenguaje.
  • A partir de una estructura coral que incorpora múltiples voces, la novela explora la tensión entre el lenguaje, el silencio, la razón y el delirio.

Gabriel viaja a Madrid para iniciar sus estudios en Historia del Arte, dejando en Ecuador a su padre enfermo de cáncer. Mientras intenta escribir un ensayo sobre el fotógrafo David Nebreda, inicia una relación con Nina, vinculada a debates sobre el carácter patriarcal de la lengua, y se ve arrastrado por una serie de ideas en torno a la posibilidad de una lengua primigenia anterior a Babel.

El duelo por la muerte del padre y la fascinación por ese lenguaje originario empiezan a reorganizar su experiencia hasta convertir la búsqueda en algo más radical. Así arranca La ceremonia de los pájaros, la más reciente novela del escritor Adolfo Macías Huerta.

El autor explica que el origen de la obra está ligado a un sueño de juventud y a una persistente obsesión con el poder de la palabra. “La idea central de la novela comenzó hace unos 25 años, con mi primer libro de cuentos. El cuento principal tenía como personaje a un estudiante que encuentra un diccionario donde está la lengua originaria que hablaron los hombres antes de la caída de la torre de Babel, una lengua que tiene poderes mágicos”, señala.

Esa imagen fundacional se enlaza con otra experiencia onírica: “En este sueño me encontraba con el verdadero nombre del mar escrito en un papelito, a orillas del mar… y cuando lo pronuncié el mar se transformó en Dios, y quedé sobrecogido en un estado de éxtasis místico”.

A partir de ambos elementos, el autor desarrolló una reflexión sobre el lenguaje como fuerza dual. “La misma herramienta que mata al mundo le puede dar vida”, afirma, al describir la tensión entre la palabra poética, capaz de crear realidad, y el lenguaje instrumental que “cosifica e instrumentaliza” la experiencia. Esa oposición se convierte en uno de los núcleos conceptuales de la novela.

Una narración coral

La novela incorpora múltiples personajes secundarios y relatos paralelos, un desarrollo inesperado que se fue configurando durante el propio proceso de escritura. “A medida que otros personajes cobraban importancia, empezaron a surgir historias de la infancia, flashbacks, digresiones, y estas historias no solo le dieron profundidad a la trama central, sino que también generaron nuevos subrelatos que desembocaron en el final”, explica el autor.

Este procedimiento derivó en una estructura coral que, en palabras de Macías, “se fue complicando, como se complican las cosas que crecen de una manera natural”.

En ese entramado aparece también una de las ambigüedades centrales de la obra: la frontera difusa entre experiencia mística y episodio psicótico. Nebreda, personaje basado en un artista real, funciona como contrapunto simbólico, pero la novela desplaza progresivamente la duda hacia Gabriel. “El tema de la locura se introduce primero a través de Nebreda, pero luego la pregunta se desplaza: al final uno se cuestiona si esto es una novela fantástica o el relato de una psicosis”, señala Macías.

La novela se presentó en varias ciudades del país, entre ellas Guayaquil, Quito y Portoviejo.

La novela se presentó en varias ciudades del país, entre ellas Guayaquil, Quito y Portoviejo.Leonardo Velasco Palomeque

Hablar sobre la locura

El autor afirma haber buscado una fidelidad a la experiencia del trance psicótico desde una perspectiva vivencial. “Conozco esa experiencia; la he vivido en sueños, pero también en la realidad, en una época de mi vida, cuando viví en Buenos Aires. Entré en ese estado y todo se volvió completamente real”, explica.

A partir de esa vivencia, la novela explora la cercanía estructural entre lo místico y lo delirante. “La misma estructura simbólica de un trance místico es la de los trances del esquizofrénico”, sostiene, retomando una reflexión que articula con lecturas de Jung y la psicología de los símbolos.

En la recepción del libro, el autor identifica una doble lectura entre lo fantástico y lo psicológico. “Es muy interesante, porque las respuestas han sido muy diversas. Algunas personas me dicen: qué hermosa novela fantástica, y otros me dicen que todo lo que sucede es un vuelo psicótico”, comenta.

Tras el cierre de esta etapa, el autor trabaja en una nueva novela que atraviesa un proceso de revisión prolongado. “Cada vez me demoro más en publicar y soy más obsesivo corrigiendo; quiero darle mucho tiempo a la obra para releerla y reescribirla”, afirma. Añade que el proceso terminará en 2027.

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