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Las crocheteras tejen comunidad en La Floresta, barrio tradicional de Quito

En tiempos marcados por la desconfianza y el temor, la iniciativa en La Floresta apuesta por el arte, el activismo y la colaboración

Las flores son el tejido emblemático de las crocheteras del barrio La Floresta.

Las flores son el tejido emblemático de las crocheteras del barrio La Floresta.Foto: Gustavo Guamán / Expreso

SARA OÑATE
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Lo que debes saber

  • Los tejidos con crochet buscan recuperar espacios públicos y visibilizar problemáticas del barrio La Floresta
  • Las crocheteras han decorado bancas, árboles y otros rincones con coloridas obras elaboradas colectivamente
  • Se reúnen cada quince días en cafeterías y otros espacios abiertos. Cualquier persona puede sumarse, incluso sin experiencia

En una época en la que cada vez es más frecuente que los vecinos no se conozcan entre sí y que el miedo provocado por la inseguridad marque la vida cotidiana de Quito y del país, en el barrio La Floresta ocurre algo distinto. 

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En este sector del centro-norte de la urbe, un grupo de mujeres decidió tomar agujas y lanas para construir algo más que coloridos tejidos: una comunidad.

Al inicio era una actividad individual y silenciosa, pero con el paso de los años se transformó en una propuesta colectiva que busca recuperar el espacio público, fortalecer los lazos entre los vecinos y llamar la atención sobre las problemáticas del barrio mediante trabajos hechos a crochet.

Tejer en comunidad

María Eugenia Muller conoce bien la historia de este proceso. Vive desde hace cuatro décadas en La Floresta y fue una de las impulsoras de esta iniciativa. Recuerda que hace ocho años empezó a tejer durante una feria organizada por el colectivo cultural del sector

Poco a poco, otras personas se acercaron y se sumaron a la iniciativa. “La idea no es que cada quien haga algo individualmente, sino tejer en comunidad. Es un grafiti tejido”, explica.

Desde entonces, las crocheteras han convertido el tejido en una herramienta de expresión y participación. En sus primeras intervenciones elaboraron flores y vistieron una banca ubicada cerca del cine Ocho y Medio. Más adelante, cuando observaron la tala de árboles en el sector, cubrieron algunos troncos con manos tejidas que los abrazan. 

Las crocheteras tejieron flores y vistieron una banca ubicada cerca del cine Ocho y Medio.

Las crocheteras tejieron flores y vistieron una banca ubicada cerca del cine Ocho y Medio.Foto: cortesía / María Eugenia Muller

“Es una manera de llamar la atención sobre los problemas que tiene la comunidad y también de embellecer los espacios públicos”, señala Muller.

Con el tiempo, el grupo fue creciendo. Actualmente, las crocheteras se reúnen cada quince días en distintos lugares de La Floresta, como cafeterías, donde las participantes comparten conversaciones, experiencias y puntadas.

Toma de espacios púbicos 

Cada proyecto es una obra colectiva. En una cafetería instalaron un árbol de la vida tejido entre varias manos. En otra desarrollaron una representación del barrio de La Floresta elaborada con alrededor de 400 flores, una creación que tomó cerca de un año.

La organización también ha evolucionado y ahora trabajan en nuevas propuestas. Su próximo desafío es elaborar un nacimiento tejido que esperan terminar en diciembre.

La más reciente demostración de esta labor comunitaria ocurrió el 13 de junio de 2026, en el marco de la celebración del Día Mundial del Tejido en Público, una fecha que busca visibilizar a quienes practican esta actividad como una forma de preservar tradiciones, promover expresiones artísticas y generar acciones de carácter social.

A propósito del Día Mundial del Tejido en Público, colocaron sus obras en el parque Zaldumbide, en La Floresta.

A propósito del Día Mundial del Tejido en Público, colocaron sus obras en el parque Zaldumbide, en La Floresta.Foto: Gustavo Guamán / Expreso

Las crocheteras ocuparon el parque de la primera infancia, ubicado en la calle Zaldumbide, donde instalaron decenas de flores elaboradas durante sus encuentros. La jornada también sirvió para atraer a nuevas personas interesadas en aprender la técnica.

Uno de los principios del grupo es precisamente la apertura. No es necesario saber para participar. Basta con llevar los materiales y la disposición para aprender. Las integrantes más experimentadas enseñan a quienes llegan por primera vez.

Una tendencia mundial

Isabel Cordero se integró al colectivo en 2021, después de conocerlo en las redes sociales. Aunque llevaba años tejiendo de forma individual, encontró en las crocheteras algo diferente: la posibilidad de formar parte de un proyecto compartido.

“Me pareció muy interesante el trabajo colectivo. En muchas ciudades del mundo se ven tejidos colocados en distintos espacios públicos. Es una forma de aportar, de crear comunidad y de fomentar el cuidado”, comenta.

Para ella, el éxito de la iniciativa demuestra que las personas sí tienen interés en construir vínculos con quienes las rodean. Considera que La Floresta es un barrio caracterizado por su dinamismo cultural, artístico y comunitario, pero destaca que a los encuentros también llegan participantes de otros sectores de la ciudad.

“Estas actividades permiten que las personas se conozcan. Reunirse es generar comunidad y crear espacios, que es justamente lo que se necesita frente a la violencia”, sostiene.

Con mariposas tejidas de varios colores, las crocheteras intervinieron una casa abandonada en La Floresta.

Con mariposas tejidas de varios colores, las crocheteras intervinieron una casa abandonada en La Floresta.Foto: cortesía / María Eugenia Muller

Otra de las integrantes es María de los Ángeles Fernández, quien participa desde los inicios del proyecto. Al igual que muchas de sus compañeras, durante años tejió sola. Hoy encuentra en las reuniones un espacio de bienestar y conexión.

Para Fernández, el valor de los tejidos no está únicamente en el resultado final, sino en el mensaje que transmiten. Detrás de cada flor, cada bufanda o cada intervención, existe la intención de llamar la atención sobre la importancia de cuidar los espacios comunes y fortalecer la convivencia.

Muller agrega que lo ideal sería que en cada barrio haya crocheteras para tejer más comunidad. “La unión es la única forma de combatir la violencia”, recalca.

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