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Diario Expreso Ecuador

El Centro Histórico de Quito está saturado por el ruido de informales y tránsito

Reducción de viviendas y más comercios incrementan conflictos. En el Concejo, una ordenanza que regule el exceso de sonido está pendiente

Las vuvuzelas mundialistas se han sumado al ruido generado por vendedores ambulantes.

Las vuvuzelas mundialistas se han sumado al ruido generado por vendedores ambulantes.Foto: Karina Defas / EXPRESO

IVONNE MANTILLA
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Lo que debes saber

  • El ruido se ha convertido en una constante en el Centro Histórico de Quito. Comerciantes y moradores atribuyen la contaminación acústica al comercio informal, los parlantes, el tráfico y el uso excesivo del claxon
  • Un estudio de la UDLA identificó niveles de ruido de hasta 80 decibeles en la zona, muy por encima de los límites recomendados por la OMS, que sugiere un máximo de 53 dB durante el día

Los gritos de los vendedores ambulantes, los parlantes instalados en carritos y locales comerciales, el sonido constante de los buses y el uso indiscriminado del claxon han convertido al Centro Histórico de Quito en un escenario donde el ruido forma parte del paisaje cotidiano. 

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Para quienes trabajan y residen en la zona, la contaminación acústica dejó de ser una molestia ocasional para convertirse en un problema permanente que, según denuncian, avanza más rápido que las acciones municipales para controlarlo.

Comercio informal sin control

En calles como la Chile, Imbabura, Cuenca, Sucre y Sebastián de Benalcázar, el comercio informal ocupa buena parte del espacio público. Entre ofertas lanzadas a viva voz y grabaciones reproducidas por parlantes portátiles, comerciantes y moradores aseguran que la tranquilidad desapareció hace años.

Rita Gaibor, propietaria de un local de productos naturales en el casco colonial, convive diariamente con el problema. Para ella, el ruido no proviene únicamente del tráfico.

“Los autos pitan demasiado, pero también están los vendedores ambulantes con sus parlantes. Antes había música de vez en cuando; ahora son grabaciones que se repiten todo el tiempo. Uno llega a salir desesperado”, comenta.

El tráfico vehicular y las ventas informales provocan contaminación acústica en las calles principales del Centro Histórico.

El tráfico vehicular y las ventas informales provocan contaminación acústica en las calles principales del Centro Histórico.Foto: Karina Defas / EXPRESO

La comerciante considera que el principal problema es la falta de organización del comercio informal. Aunque reconoce que muchos vendedores ambulantes buscan una fuente de ingresos, cree que la ausencia de control termina afectando a quienes permanecen durante toda la jornada en el sector.

Los sábados, asegura, la situación empeora. La llegada de comerciantes de distintos puntos de la provincia y el incremento de compradores convierten las calles del Centro Histórico en un escenario donde el ruido alcanza sus niveles más altos.

La percepción es compartida por Carla Martínez, quien abandonó el Centro Histórico hace una década para mudarse a los valles de la capital. Sin embargo, continúa trabajando en el sector porque mantiene un negocio familiar.

Según relata, el comercio informal fue uno de los factores que deterioró la calidad de vida en la zona. A ello se sumó el crecimiento del parque automotor y la transformación de espacios residenciales en áreas comerciales. “Cada vez hay menos vecinos y más negocios. Muchas casas patrimoniales ya no son viviendas. En mi caso, cerca del 70 % del inmueble tiene uso comercial”, explica.

¿Qué dicen los estudios sobre el ruido en la zona?

Las quejas ciudadanas coinciden con los datos académicos. Un estudio realizado por la Universidad de Las Américas (UDLA) identificó al Centro Histórico como una de las zonas más ruidosas de Quito

Los niveles de ruido alcanzan los 80 decibeles (dB), similares a los registrados en avenidas de alto tráfico como la Mariscal Sucre (Occidental), la 10 de Agosto, La Prensa y la Simón Bolívar. 

El índice rebasa el rango recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que sugiere que los niveles medios de ruido en las ciudades no deberían superar los 53 decibeles (dB) durante el día y los 44 dB en la noche.

Una propuesta que no se trata en el Concejo

Sin embargo, mientras el ruido aumenta, las medidas para enfrentarlo permanecen estancadas. El concejal Andrés Campaña, presidente de la Comisión de Salud, sostiene que la contaminación acústica tiene dos orígenes principales: las fuentes fijas, como los altoparlantes instalados en locales comerciales; y las fuentes móviles, generadas por vehículos, motocicletas y buses.

El edil recuerda que en agosto de 2025 presentó una propuesta de ordenanza para regular el ruido producido por vehículos y motocicletas, especialmente aquellos cuyos propietarios modifican los escapes o eliminan los silenciadores para incrementar el sonido.

La contaminación acústica generada por vehículos, motocicletas y buses se mantiene en niveles altos en Quito.

La contaminación acústica generada por vehículos, motocicletas y buses se mantiene en niveles altos en Quito.GUSTAVO GUAMAN

La iniciativa planteaba controles durante la revisión técnica vehicular y operativos en las calles para verificar el cumplimiento de los límites permitidos de decibeles.

No obstante, denuncia que el proyecto permanece desde hace casi un año en la Comisión de Movilidad sin que se haya elaborado siquiera el informe para primer debate. “No ha existido voluntad política de Movilidad ni de la administración municipal para avanzar en este tema”, señala.

Sus declaraciones contrastan con las constantes denuncias ciudadanas sobre la falta de controles. Para Campaña, el problema del comercio informal también requiere una intervención integral que combine regulación y reorganización. “El Municipio debe recuperar mercados y centros comerciales que están subutilizados mientras miles de comerciantes siguen ocupando las calles”, afirma.

Problema que no es exclusivo del Centro Histórico

El ruido ya no afecta únicamente al Centro Histórico. En sectores como San Blas y La Alameda, los moradores también reportan un incremento de la contaminación acústica.

Fernando García, residente de los alrededores de la Asamblea Nacional, asegura que el uso permanente de parlantes en negocios, el tránsito de buses y el abuso del claxon han transformado un barrio tradicionalmente residencial en una zona cada vez más comercial y menos habitable.

“Lo que falta son controles. Existen normas, pero no se aplican con la intensidad necesaria”, opina. Actualmente, el Código Orgánico Integral Penal (COIP) sanciona el uso indebido de la bocina con una multa del 5 % del salario básico, es decir, $23. Sin embargo, no existe una norma específica que permita sancionar el exceso de ruido provocado por motores o escapes modificados.

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