
Luis Prudente Rodríguez, el Cristo de la península de Santa Elena
El devoto de Santa Elena cumple 25 años cargando la cruz en Viernes Santo por un milagro que, asegura, le cambió la vida
En cada Viernes Santo, cuando la península revive la tradicional 'caminata de fe', hay un personaje que no pasa desapercibido: Luis Prudente Rodríguez. Desde hace 25 años, este devoto se convierte en el rostro de Jesús durante el viacrucis que recorre más de seis kilómetros entre el cantón La Libertad y el centro de Santa Elena, en la Costa de Ecuador.
Con la cruz sobre sus hombros, una corona de espinas y los pies descalzos, Prudente Rodríguez avanza paso a paso y recrea el calvario de Cristo. Durante el trayecto, incluso recibe latigazos simbólicos de quienes representan a los centinelas romanos, en una escena que conmueve a cientos de fieles.
A sus 63 años, este albañil oriundo de Santa Elena asegura que su sacrificio no es casualidad. “Es un agradecimiento a Dios por un milagro. Le prometí que lo haría mientras tenga vida”, cuenta con voz firme, sin detener su marcha.
Expresión de fe en respuesta a un milagro
El milagro al que se aferra ocurrió hace años, cuando fue desahuciado por médicos. Sin perder la fe, pidió a Dios una segunda oportunidad y, apoyado en remedios caseros, logró recuperarse. Desde entonces, cada Semana Santa asume el papel de Jesús como una forma de cumplir su promesa.

La 'caminata de fe', organizada por grupos católicos independientes, reúne cada año a miles de creyentes que mantienen viva esta tradición religiosa. Durante cerca de cuatro horas, los peregrinos avanzan en medio de oraciones, cánticos y reflexiones en cada una de las estaciones del viacrucis.
“Padre santo, te pido por la paz, para que pare tanta violencia en nuestra provincia”, expresó el feligrés Javier Moreno en medio del recorrido, reflejando el clamor colectivo de los asistentes.
Seguridad en caminata
La procesión contó con resguardo de personal militar, mientras agentes de la Comisión de Tránsito del Ecuador (CTE) facilitaron el paso de los caminantes.
A lo largo del trayecto, decenas de devotos cargaban crucifijos o estampas de la Virgen, mientras acompañaban con fe y recogimiento una de las manifestaciones religiosas más sentidas de la península.
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