
Entre promesas y milagros, fieles se preparan para la procesión Jesús del Gran Poder
Tradicionales cucuruchos y verónicas se alistan atrás de la iglesia San Francisco para la procesión que tiene más de 60 años
Desde las primeras horas de este Viernes Santo, la fe comenzó a tomar forma en los patios de la Unidad Educativa San Andrés, ubicada detrás del convento de San Francisco, en el centro de Quito. Cientos de devotos se congregaron en este punto para colocarse los tradicionales hábitos morados de cucuruchos y los atuendos de Verónicas, con los que participarán en la procesión de Jesús del Gran Poder.
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Historias de fe y milagros marcan la procesión en Quito
Entre telas y oraciones se entremezclan historias de fe, gratitud y esperanza. Hombres, mujeres y niños, sin distinción de edad, se preparan para recorrer las calles del centro histórico en uno de los actos religiosos más importantes del país.
Devotos se preparan para recorrer las calles de Quito
Iván Terán es uno de los fieles que se alista con recogimiento. Desde hace cuatro años participa como cucurucho, motivado por una experiencia personal que marcó su vida con el diagnóstico de una enfermedad catastrófica. “Hice ofrendas, pedidos… los milagros existen. La fe es lo que nos mueve”, afirma mientras ajusta su vestimenta. Para él, como para muchos, esta tradición quiteña es también una forma de agradecer.
Desde Cutuglahua, en el sur de la ciudad, llegó Edison Tufiño. Su motivación es profundamente familiar: su hija de nueve años sobrevivió a un siniestro de tránsito cuando los médicos no le daban esperanza de vida. Hoy, verla a su lado es prueba de que la fe puede más que cualquier pronóstico. Participa para pedir por su recuperación total y agradecer por una nueva oportunidad.
Paulina Torres, por su parte, cumple tres años consecutivos asistiendo. Su presencia está marcada por el agradecimiento y la petición constante por la salud y el bienestar de su familia.
Freddy Corral, en cambio, vive su primera experiencia como cucurucho. En febrero fue sometido a una operación tras detectarse indicios de cáncer. Sin embargo, los resultados posteriores descartaron la enfermedad. “Eso es por la fe y las oraciones”, asegura. Su participación este año está motivada por el agradecimiento profundo ante lo que considera un milagro.
Segundo participa hace 40 años, este año no iba a participar por un problema en la pierna, estaba triste, pero pese al dolor si va a participar. La fe lo mueve, pese a todas las dificultades. El se ortiga en el camino. Junto a el están vecinos de su zona que arreglaban la ortiga y los pencos.
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