
Jóvenes de Quito preservan tradiciones en la procesión Jesús del Gran Poder
Voluntarios trabajan desde hace un año en los preparativos de este evento religioso de Semana Santa en Quito
En los pasillos del convento de San Francisco, en el Centro Histótico de Quito, el movimiento nunca cesa. Cajas que van y vienen, telas que se doblan con cuidado, manos que limpian, ajustan y ordenan. A pocas horas de la Procesión de Jesús del Gran Poder, el corazón de esta tradición late con fuerza gracias a decenas de voluntarios que, desde distintos frentes, trabajan para que todo esté listo para el recorrido religioso de la Iglesia Católica que se desarrolla este viernes 3 de abril de 2026.
Jóvenes y adultos se mezclan en un mismo espacio, combinando tareas y evidenciando un trabajo en equipo que sostiene cada detalle de la celebración.
Galu InLago es una de las voluntarias recientes. “No llevo mucho tiempo, soy nueva en todo esto”, confiesa mientras organiza tareas dentro de la Comisión de Alimentos, de la que también es secretaria. Su motivación surgió de la curiosidad y la fe: asistir a misa le permitió descubrir un espacio donde los jóvenes tenían cabida.
“Es una experiencia gratificante. Es un trabajo pesado, pero al final todo sale bien”, asegura. Su comisión cumple una labor silenciosa pero esencial: alimentar a quienes garantizan el orden durante la procesión, entre ellos policías, bomberos y personal municipal. Son alrededor de mil raciones que requieren organización y dedicación.
La motivación de los jóvenes
En otra esquina del convento, Ángel Cáceres pule con esmero una de las andas. Forma parte de la Comisión de Andas, y sigue la tradición familiar. Su trabajo incluye revisar cada detalle técnico: limpieza, mantenimiento de estructuras y parlantes.

“Todo debe estar perfecto”, afirma. En el convento se observa cómo jóvenes y adultos se combinan en tareas, comparten experiencias, colaboran y aprenden unos de otros. “Aquí todos colaboramos, es una hermandad”, comenta Cáceres mientras revisa los últimos detalles.
Desde la guía espiritual, fray Edgar Abad, guardián del convento San Francisco, recuerda que este esfuerzo no es improvisado. “Nos preparamos durante todo el año”, señala. Aunque existen numerosos voluntarios registrados, el núcleo activo está compuesto por un grupo más reducido que asume responsabilidades constantes.
Así se distribuyen las tareas antes de la procesión
Las tareas se distribuyen en comisiones: andas, vestimenta, liturgia, acogida, comunicación y más. Comenta que en los últimos años, se ha observado un aumento significativo de jóvenes que participan en los preparativos, lo que refleja una renovación generacional sin que se pierda la esencia de la tradición.

Diego Albán, parte de la Comisión de Cucuruchos, cuida cientos de trajes que se utilizarán durante la procesión. Su motivación es profunda, basada en la herencia familiar y gratitud por poder formar parte de esta celebración.
Diana Simbaña y su esposo, quienes se sumaron tras asistir a una misa, integran el equipo de comunicación, encargados de transmitir en vivo cada momento. “No es solo rezar, es hacer algo por los demás”, enfatiza la mujer.
Entre estas historias resalta Vicente QuinaLuisa, con más de 30 años en la cofradía. Detalla la organización de la procesión con grupos de andas, flores, protocolo y alimentos, con preparación constante que incluye limpieza, mantenimiento y coordinación de ceremonias.
Su religiosidad nació en la infancia, influenciado por su padre, quien lo llevaba a rezar las estaciones todos los viernes de Cuaresma en la igleasia de Santo Domingo, centro de Quito.
Para Quinaluisa, la fe y la confianza en Dios guían cada paso. Sobre el relevo generacional, celebra que adolescentes y jóvenes se involucren gracias a la guía y ejemplo de sus padres.
¿Quieres acceder a todo el contenido de calidad sin límites? ¡SUSCRÍBETE AQUÍ!