ANÁLISIS
Los Manning revelan lo que ya se sabía del caso Progen: Ecuador debió indignarse mucho antes
El caso Progen debió ser un escándalo desde que Roberto Luque fue a Estados Unidos. Solo está la débil posibilidad de recuperar algo del dinero perdido

Viaje. En mayo de 2024, el ministro Roberto Luque viajó por invitación de Karla Saud a las instalaciones de Progen y se reunió con el CEO de Progen, John Manning.
Lo que debes saber
- El caso Progen expuso la negligencia estatal al contratar generadores inviables ante la crisis.
- Chats y declaraciones de Progen revelaron desvío de fondos públicos y motores no nuevos.
- La impunidad y el blindaje político frenan las sanciones por el millonario atraco eléctrico.
El caso Progen debió ser un escándalo desde que Roberto Luque y compañía los fueron a visitar a la Florida. Cualquier funcionario que valiera su sueldo en el Ministerio de Energía o en la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec) o cualquier miembro del Gobierno que alguna vez haya tenido el mínimo contacto con el mundo de la generación eléctrica habría tenido que pegar el grito al cielo en ese momento, porque Progen no se asemejaba en lo más mínimo a los integrantes del pequeño club de fabricantes de grupos electrógenos de gran capacidad en el mundo. Ninguno de ellos lo hizo, al menos no ante el público o las autoridades.
Plazos inviables y exigencias técnicas para El Salitral y Quevedo
El Ecuador necesitaba decenas de generadores para producir 100 MW en la central El Salitral y 50 MW en Quevedo. Y el gobierno ecuatoriano los quería nuevos y entregados a finales de noviembre, más o menos cuatro meses después de la firma de los respectivos contratos. Esto a pesar de que casi todos los funcionarios de las grandes industrias del país, las cuales estaban desesperadas intentando no terminar panza arriba por culpa de los constantes apagones, eran conscientes de que no había equipos nuevos de gran capacidad en el mercado y de que cualquier orden iba a tomar mucho más que tres o cuatro mesecitos en ser despachada.
Condiciones de pago y advertencias tardías de las autoridades
Aunque todo eso debió haber sido más que suficiente para que un ministro tuviera que patear la mesa y salir a denunciar lo que estaba aconteciendo ante el país, el mismo diseño de los contratos exigía un escándalo por sí solo. Se iba a pagar un 70% del valor por una lista de Excel. Eso jamás se había visto. Pero los ministros pasaron y se fueron y recién a fin de año una de ellos, Inés Manzano, reconoció que algo podía estar yendo mal.
No había que esperar a todas las revelaciones posteriores para saber que lo se estaba armando era un atraco. Pero al menos ahora podemos entender un poco mejor el nivel de la desidia de unos y de la audacia de otros.

Pareja. José Manrique y Karla Saud, lobistas de Progen, eran dueños de Gestores Inmobiliarios Ligthblue.
Revelaciones de los chats: desvío de fondos de Celec y complicidad política
En las recientes declaraciones de los hermanos John y Wade Madding de Progen y en los chats del primero, CEO de la empresa, con Karla Saud Calero, intermediaria de ellos en el Ecuador, empiezan a aparecer los detalles del entramado y se muestra más claro el descaro con el que operaron los contratistas fallidos. “Sabían que no había motores nuevos”, declaró John Manning. El mismo que le advirtió a Saud en un mensaje que podía terminar preso si prometía generadores nuevos y no simplemente “hora cero”, para tratar de enmascarar tramposamente lo que todo hijo de vecina, si la vecina en cuestión es ingeniera eléctrica, ya podía saber.
Ante la pregunta de un abogado de Celec, que quiso confirmar si la única experiencia real del Progen había sido “solo un proyecto africano de cuatro generadores y el proyecto de Hunt Oil de tres generadores”, Wade Manning solo supo decir una palabra: “correcto”.
Malversación de fondos públicos y falta de juicio político
¿Qué más se ha revelado? El mal uso del dinero público entregado por Celec para pagar tarjetas y ponerles sueldos a parientes, y el uso creativo del lenguaje y de las señas de John Manning para reírse una vez más del país: “Voy a tomar un descanso…”. No vale reproducirlo todo una vez más. ¿Para qué? ¿Para indignarnos? Tuvimos que habernos indignado en serio hace mucho tiempo atrás. No por un gesto malcriado, sino por una gestión ofensivamente negligente de unos y seguramente cómplice de otros.
Pero es tan poca y tan débil la indignación del ecuatoriano en general que hoy lo único que tenemos en frente es la débil posibilidad, casi una tonta esperanza, de recuperar algo de la plata perdida afuera, y el avance de un proceso penal que incluye solo a un ministro de tres, justo el que no era de la camarilla presencial y también, entre otros, a dos asesores fugados de su predecesor.
La vergüenza, marca de una sociedad donde el poder tiene límites y se preserva con celo la confianza entre las personas, escasea en el país. Si algo se podía hacer para imponer la vergüenza y el pudor ante el accionar incompetente del sistema de justicia, era darnos un juicio político, pero ni eso pudieron hacer los oficialistas y los supuestos independientes. Andan muy ocupados en otras cosas. Quieren hacerse los justicieros, pero tan solo con los enemigos del Gobierno. Gran lucha anticorrupción esa, que se libra solo cuando es seguro y conveniente salir a pelear.