ANÁLISIS
Galamedios: la Supercías quiere tapar la información con artilugios
La declaratoria de reserva es evidentemente tramposa y no se ajusta a los requisitos legales y constitucionales. Es una constante utilizada por el Gobierno

La Superintendencia de Compañías declaró como reservado la acción de control sobre Galamedios.
Lo que debes saber
- Superintendencia oculta informe sobre la polémica compra de medios ligada a Galamedios.
- La reserva legal de Galamedios vulnera la LOTAIP al carecer de resolución y motivación.
- El uso indebido del estatus reservado se consolida como artilugio para ocultar información.
Cuando un organismo de control del Estado declara en reserva o califica como reservado un informe es porque la autoridad no quiere que esa información sea pública. En otras palabras, lo reservado es lo que quiere que se mantenga oculto o, como se dice morocho, escondido. Esto es lo que la Superintendencia de Compañías ha hecho con el informe que dice haber elaborado sobre Galamedios, la empresa del asambleísta suplente del Gobierno que hizo la más que tránsfuga compra de La Posta y Radio Centro.
En efecto, el superintendente de Compañías subrogante, Luis Idrovo Murillo, reveló ante la Comisión de Garantías Constitucionales de la Asamblea Nacional que la entidad ya ejecutó y concluyó un proceso de control e inspección a Galamedios. Sin embargo, dijo que los resultados se mantienen bajo estricta reserva legal. La Superintendencia de Compañías investigó a Galamedios. La investigación terminó. El informe existe. Pero los ciudadanos no pueden conocer qué encontró la entidad porque, según su superintendente subrogante, sus resultados son “reservados”.
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Marco legal y requisitos constitucionales vulnerados
Y aquí comienza el problema. No porque se trate de un asambleísta de medio pelo, cuyo patrimonio declarado no le alcanza ni para comprar una media agua, sino porque la declaratoria de reserva en este caso es evidentemente tramposa y no se ajusta a los requisitos legales y constitucionales. En efecto, la ley permite reservar determinada información pública. Sin embargo, la reserva no se declara por decreto verbal de un funcionario, por más bonito que este se considere, ni nace simplemente de pronunciar la palabra “reservado”, como parece haber ocurrido en este caso.
Incumplimientos de la LOTAIP y la Constitución
Para comenzar, hay que decir que la Constitución es clara y contundente. El artículo 18 establece que no existe reserva de información sino en los casos expresamente establecidos en la ley. Y la LOTAIP exige, además, que la clasificación como reservada se haga mediante una resolución motivada. Esa resolución debe identificar la norma que permite la reserva, el interés público que se busca proteger, el daño concreto que produciría divulgar la información, las razones de proporcionalidad y el período durante el cual permanecerá reservada. Hasta aquí, nada calza y resulta evidente que Idrovo se pasó la ley por el forro.
Hay más. La LOTAIP establece que, si no se cumple el procedimiento legal de clasificación, la reserva carece de validez. También dispone que la resolución sea remitida a la Defensoría del Pueblo y a la Asamblea Nacional, cosa que no ha ocurrido, al menos según la información pública disponible.
Otra cosa: tampoco existe constancia pública de la resolución de la Superintendencia que declaró reservado el informe de Galamedios. Nada se sabe de esa resolución: ni cuándo fue expedida, ni quién la firmó, ni qué norma invocó la Superintendencia. ¿Qué parte del informe está protegida? ¿Por cuánto tiempo? ¿Fue incorporada al índice de información reservada? ¿Fue remitida a la Defensoría y a la Asamblea? Nada de esto se sabe. Sin embargo, en la Asamblea se dio por sentado que nadie puede conocer el informe elaborado sobre Galamedios.
Las operaciones financieras de Galamedios y Boglia Media
Y en este caso el tema no es cualquier cosa, porque Galamedios no es una compañía cualquiera: fue creada en 2025, adquirió por 2,6 millones de dólares las participaciones relacionadas con La Posta y Radio Centro y registró millonarias obligaciones financieras. Y ahora resulta que Galamedios transfirió esos activos a Boglia Media, una sociedad panameña, poco antes de entrar en disolución.
La lógica, la ley y la ética pública dicen que la transparencia no consiste en que el Estado diga que investigó. Consiste en que explique qué puede mantener legítimamente oculto y por qué.
Si existe una resolución de reserva, Idrovo debió mostrarla, y eso no lo hizo. Si cumple la LOTAIP, como debería, Idrovo debió explicar su fundamento. Porque una investigación sobre una empresa que compró medios de comunicación por millones de dólares no puede terminar administrativamente en una frase: “el informe es reservado”. Eso, en realidad, fue un insulto a la inteligencia y a la ética.
Idrovo ignoró, evidentemente de forma deliberada, que la reserva de un documento necesita una ley que la justifique, una resolución y una motivación. Y, sobre todo, necesita poder ser comprobada.
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Falta de registro y antecedentes de ocultamiento estatal
Pero aún hay algo más que hace pensar que esta reserva es chueca. La LOTAIP obliga a las instituciones a mantener un índice de información reservada, que debe señalar el número de resolución, la fecha de clasificación y el período de vigencia. Es decir, la Superintendencia debería tener su resolución sobre Galamedios en ese índice o lista.
Y esto tampoco ocurre. En realidad, Galamedios no aparece en el índice de información reservada de la Superintendencia de Compañías, según la información pública revisada.
Idrovo no parece saber, o finge no saber, algo que jurídicamente es para principiantes: la reserva no se presume. Si la Superintendencia afirma que el informe de Galamedios es reservado, debe poder mostrar el fundamento legal y el acto administrativo que produjo esa clasificación. Hasta ahora, eso no ha ocurrido públicamente.

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El patrón de reserva en casos de interés público
Lo de “reservado”, evidentemente, se ha convertido en un artilugio utilizado por el Gobierno para esconder información. Ocurrió en este caso con Galamedios, como también ocurrió con el fiasco de HealthBird, donde tampoco se quiso entregar a la opinión pública la información sobre el contrato con esa supuesta proveedora de servicios de salud. Y ocurrió con el informe del caso Caja Chica, también reservado, con el que el Tribunal Contencioso Electoral dejó fuera de las elecciones a la Revolución Ciudadana.
Si se quiere ocultar algo, siempre lo más eficaz será declararlo reservado. Aún más cuando se lo hace ignorando la ley.