SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

Elecciones Ecuador 2026: la derecha perdió a sus referentes y abrió el camino a inquilinos de paso

El patrón aparece también fuera de Ecuador. En América Latina, el debilitamiento de los partidos abre espacio a vínculos personalistas con menos historia

La derecha ecuatoriana con larga experiencia no tiene un norte y ha dejado el camino abierto para que personas sin experiencia ocupen su espacio.

La derecha ecuatoriana con larga experiencia no tiene un norte y ha dejado el camino abierto para que personas sin experiencia ocupen su espacio.CHATGPT

Pamela León Andriuoli
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Lo que debes saber

  • El Partido Social Cristiano perdió el papel de principal referente de la derecha ecuatoriana tras el desplome de su representación electoral y la pérdida de sus históricos bastiones políticos, como Guayaquil y Guayas.
  • La crisis del PSC forma parte de un fenómeno regional en el que los partidos tradicionales ceden espacio a liderazgos más personalistas y menos dependientes de estructuras partidarias consolidadas.
  • La principal incógnita es si la derecha ecuatoriana logrará reconstruir un liderazgo político estable o seguirá ocupando ese espacio mediante figuras coyunturales sin una hegemonía ideológica consolidada.

Durante más de tres décadas, en Ecuador la derecha tuvo una dirección postal. Se llamaba Partido Social Cristiano. Bastaba con seguir el rastro de Guayaquil para saber dónde vivía el poder. Esa certeza dejó de existir. El PSC perdió, además de votos, el monopolio simbólico de la derecha ecuatoriana.

Te invitamos a leer: Elecciones 2026: Concejo de Guayaquil está marcado por la fragmentación política

La derecha ecuatoriana tuvo expresiones empresariales, conservadoras, liberales, tecnocráticas y regionales. Gobernó con Sixto Durán-Ballén desde una idea modernizadora del Estado, con Jamil Mahuad desde una promesa institucional que terminó devorada por la crisis bancaria, con Guillermo Lasso desde una derecha empresarial que llegó tarde al poder y se desgastó demasiado rápido en él. La derecha ganó elecciones, ocupó Carondelet y administró el Estado, pero durante décadas su referencia más reconocible siguió estando en Guayaquil, el PSC y su capacidad de convertir territorio en identidad.

Dentro del paisaje frágil de la política ecuatoriana, el PSC fue una excepción que debería inquietar más que tranquilizar. Tenía historia institucional real, cuadros propios, territorio, disciplina y un liderazgo que marcó época con León Febres-Cordero entre los ochenta y noventa, cuando llegó a controlar un tercio o más de la Asamblea. Hoy el PSC, en la Asamblea 2025-2029, ha quedado reducido a cinco curules dentro de un Legislativo de 151 miembros, después de haber tenido 18 legisladores con sus aliados en el periodo anterior y de sufrir deserciones que terminaron engrosando el espacio oficialista.

En la presidencial de 2025, su candidato, Henry Kronfle, quedó quinto con un humillante 0,71%, el peor resultado de toda su historia, la de un partido que solo llegó a Carondelet una vez, en 1984. Que se desplome un cascarón sin estructura no sorprende a nadie. Que se desplome el que sí tenía con qué resistir, sí debería.

El territorio lo confirmó sin ambigüedad. Guayaquil fue, desde 1992, el bastión que ningún rival logró tocar durante 31 años. La ciudad del sillón de Febres-Cordero, pero también administrada durante casi dos décadas por Jaime Nebot, el rostro más visible del socialcristianismo municipal y el dirigente que convirtió esa hegemonía en sentido común urbano. Durante años, el PSC gobernó Guayaquil, la narró, la ordenó y la presentó como prueba de su eficacia política.

En febrero de 2023, eso terminó en una sola jornada. Aquiles Álvarez, de la Revolución Ciudadana, le arrebató la Alcaldía a Cynthia Viteri: 39,84% contra 30,33%. El mismo domingo, Marcela Aguiñaga le quitó al PSC la Prefectura del Guayas, con un 34,4% contra el 25,56% de Susana González. Guayaquil y Guayas, lo que en su momento se llamó sin exageración la joya de la corona del socialcristianismo, cayeron juntas, el mismo día, ante el movimiento que durante años había sido su némesis ideológica.

La lectura más exigente mira un dato menos evidente. Álvarez ganó como la figura menos doctrinaria del correísmo. El territorio cambió de disponibilidad antes que de convicción. El PSC dejó de tener con qué retenerlo y la fuerza que ocupó el vacío llegó más por encaje coyuntural que por hegemonía asentada. Por eso, más que una conquista ideológica, lo de 2023 parece una ocupación momentánea del espacio vacante. Guayaquil, hoy, carece de dueño ideológico. Tiene un inquilino de paso.

Lo que se sucede en Ecuador se repite en la región

Ese patrón aparece también fuera de Ecuador. En América Latina, el debilitamiento de los partidos abre espacio a vínculos personalistas que requieren menos historia, menos estructura y menos militancia orgánica. Allí se inscriben fenómenos tan distintos como Milei, Bukele, Kast o De la Espriella. Las nuevas derechas regionales aprendieron a competir sin cargar con el peso de los viejos partidos.

Te invitamos a leer: De la Espriella promete descentralizar el poder y conectar con cada rincón de Colombia

Ecuador vive una versión local de ese fenómeno regional. Guayaquil cambió de manos sin convertirse automáticamente en otro territorio ideológico. Lo que parece estar ocurriendo es una mutación de la derecha; menos socialcristiana en su forma y menos partidaria en su vehículo. Esa derecha ya no necesita necesariamente al PSC para expresarse. Puede hacerlo a través de candidaturas gerenciales o partidos capaces de ofrecer control sin exigir demasiada memoria doctrinaria.

El dilema desborda al PSC y a su posible retorno. Lo que está en juego es si la derecha ecuatoriana logra reconstruir una dirección política reconocible o si el territorio seguirá disponible para el primer liderazgo que consiga entrar, quedarse un rato y hacer pasar la ocupación del vacío por hegemonía.

tracking