De toque a toque
Cuatro toques de queda en tres años demuestran que restringir la movilidad no reduce el delito y más bien castiga a los ciudadanos de bien

El ministro Reimberg anunció el actual toque de queda el 11 de septiembre; entra en vigencia hoy 17.
Mientras investigaba tomé ejemplos de varios países, entre ellos uno de la historia de Chile. Hablé con familiares que se quedaron allá durante el gobierno de Pinochet. Contaban, entre las anécdotas, las fiestas de toque a toque de finales de aquel periodo: empezaba el encierro a las nueve de la noche y la juventud simplemente trasladaba la fiesta a puertas adentro hasta el amanecer. Es un claro ejemplo de cómo algo que debería ser excepcional termina volviéndose costumbre, una anécdota más, y al final, como ocurre hoy en Ecuador, puede que ya no se lo tome en serio y eso que era Pinochet, aunque en una etapa de su mandato diferente.
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El Gobierno oficializa el toque de queda: regirá en cuatro provincias desde el 17 de septiembre
Edison Andrés García Yépez
El ministro Reimberg anunció el actual toque de queda el 11 de septiembre; entra en vigencia hoy 17. Seis días de antelación que, hay que ser justos, sirven para que empresas y familias reorganicen su vida. Pero el crimen organizado también puede reubicar rutas, ocultar evidencia, ajustar turnos. La criminalidad no opera bajo ciertas horas sí y ciertas horas no; el Estado, en cambio, sí avisa cuándo va a mirar para otro lado.
Mayor frecuencia, pero sin resultados
Vale recordar la asimetría de 2023, cuando a Samborondón se le daban horarios más cortos de restricción mientras Guayaquil cargaba con el peso mayor de su vida nocturna y su economía. Hoy, al menos, hay ‘ley pareja’: los 25 cantones de Guayas bajo el mismo horario. Pero contemos: cuatro toques de queda en menos de tres años, tres de ellos solo en lo que va de este 2026, cada vez más largos en duración y más tempraneros en su inicio, con el Estado controlando la dosis horaria sin encontrar la cura.
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Redacción Digital
Una revisión de la Campbell Collaboration, tras analizar doce estudios internacionales, concluyó que los toques de queda son ineficaces para reducir la delincuencia. La fiesta de toque a toque, entonces, nunca desapareció del todo. Solo le cambiamos la música y el pretexto -de la dictadura al narcotráfico- sin resolver por qué, año tras año, seguimos bailando al mismo ritmo y somos los justos los que no podemos salir de casa.