Una limitación biológica de aprendizaje
El cerebro humano necesita tiempo y repetición para consolidar el aprendizaje, un proceso biológico y social que la inteligencia artificial no puede sustituir

La IA ha venido a desafiar el valor del tiempo, a empujar resultados en tiempo récord. No olvidemos nuestra biología: para aprender hay que dedicarle tiempo; no hay atajos.
Los seres humanos estamos programados para aprender. Nuestro cerebro es una máquina buscapatrones con una capacidad casi infinita de conexiones para lograr que aprendamos todo lo que nos propongamos. El aprendizaje no es inmediato. Toma tiempo: para dominar una habilidad o aprender un concepto nuevo, el cerebro requiere de repetición, conexión con aprendizajes previos y oportunidades de aplicación para consolidar ese aprendizaje y poderlo usar en futuras ocasiones. Las repeticiones de ese aprendizaje son claves, y con el tiempo se afianzan para hacernos cada vez más capaces, cultos e inteligentes. Gracias a esta increíble habilidad, los seres humanos somos la especie más inteligente de este planeta.
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No confundamos usar la IA con pensar que somos nosotros los que aprendimos
Quienes han dedicado muchos años a estudiar una carrera y después especializaciones, con tiempo y repetición, se convierten en expertos en sus áreas. Otros pueden lograr estos niveles de maestría de una materia por autoaprendizaje, pero son pocos los que tienen la disciplina de, sin el acompañamiento humano, lograrlo. Otro factor importante del aprendizaje es que tiene más éxito cuando es social. El conversar con alguien de lo que va haciendo sentido en el proceso afianza esos contenidos y conecta con otras ideas que la inteligencia colectiva alcanza. Este proceso fascinante, que ha sido estudiado en la neurociencia cognitiva por siglos, ahora es quizás la limitación más grande para alcanzar a la inteligencia artificial.
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Las máquinas, a diferencia de nuestro cerebro, no solidifican aprendizajes; solo absorben información de grandes bases de datos y la conectan en milisegundos para llegar a una respuesta. No es necesario que conecten, ni que sientan, ni que repitan. Para los humanos, el proceso de aprendizaje no puede forzarse ni acelerarse; es un proceso que incluye frustración y confusión, y eso es parte de la magia. Así como un embarazo no puede apurarse por más que la madre quiera, el aprendizaje tampoco. La IA ha venido a desafiar el valor del tiempo, a empujar resultados en tiempo récord. No olvidemos nuestra biología: para aprender hay que dedicarle tiempo; no hay atajos. No confundamos usar la IA con pensar que somos nosotros los que aprendimos o dominamos una materia.