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Diario Expreso Ecuador

Fuga de cerebros

Exportar profesionales para importar talento extranjero no es negocio, Ecuador necesita salarios dignos y meritocracia para retener sus cerebros

Estados Unidos, Europa y Canadá reciben a los investigadores que Ecuador ayudó a formar y que nuestras universidades prepararon.

Estados Unidos, Europa y Canadá reciben a los investigadores que Ecuador ayudó a formar y que nuestras universidades prepararon.Generada con IA

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Ecuador lleva décadas preocupado por la salida de dólares, capitales e inversiones, y en torno a ellos giran proyectos, leyes y restricciones. Sin embargo, no se habla de otra fuga, más valiosa y mucho más difícil de recuperar: la de sus cerebros.

Formar un investigador no ocurre de la noche a la mañana; dentro de un PhD hay décadas de universidad, maestrías, libros, publicaciones de alto impacto, congresos, idiomas y miles de horas dedicadas al conocimiento. En muchos casos, incluso el Estado ha invertido recursos para formar profesionales en las mejores universidades del extranjero, pero el problema comienza cuando esos cerebros se plantean regresar.

¿Qué le ofrecemos a un científico, investigador o académico altamente calificado? Es ahí donde se tiene que trabajar para crear las plazas de trabajo adecuadas, salarios competitivos y fondos para la investigación; es decir, recompensar de manera justa la excelencia y la productividad científica. Si esto no ocurre, sucede lo previsible: los cerebros emigran.

Todo lo que pierde Ecuador con un profesional que emigra

Estados Unidos, Europa y Canadá reciben a los investigadores que Ecuador ayudó a formar y que nuestras universidades prepararon. Cuando un investigador se marcha, se lleva consigo años de conocimiento acumulado, futuras publicaciones, proyectos, patentes y la capacidad para formar a nuevas generaciones.

Los países que ocupan posiciones destacadas entre las 1.000 mejores universidades del Ranking de Shanghái 2026, llevan décadas financiando la investigación y formando profesionales como parte de su capital intelectual.

La fuga de cerebros no se combate obligando a nadie a quedarse; se combate haciendo que para ellos valga la pena quedarse, con salarios competitivos, fondos permanentes para la investigación, estabilidad, meritocracia y con universidades capaces de premiar la excelencia.

No es negocio para un país exportar cerebros y talento para luego importar extranjeros que reemplazan a quienes se van; terminamos pagando dos veces. Ninguna nación puede aspirar seriamente al desarrollo si sus mejores cerebros ven un futuro lejos de casa.

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