Museos y carnicería política
Los museos de Guayaquil lograron avances en investigación y comunidad, pero la politización gubernamental frena su consolidación

Stephanie García reencauzó los museos Presley Norton (foto), MAAC y Nahim Isaías devolviéndoles sentido y conectándolos con audiencias ávidas de conocimiento.
Los museos dedicados a las artes, la antropología y la cultura no son, no deben ser, un botín político instrumentalizado para la captura de votantes. Hacerlo significa sacrificar sus loables funciones como centros de educación para una diversidad de audiencias, experimentación curatorial, investigación y publicación, foros de debate multisectorial, coleccionismo dirigido, reservas abiertas. En el fondo, no interesa el número de visitantes ‘per se’ sino lo que cada uno lleva de regreso a casa tras una visita o un taller; los valores democráticos que se instituyen para fortalecer el buen vivir, honesto y en paz; o, programas ‘ad hoc’ para conocer y respetar al Otro, diferente y diverso. Lo contrario supone un triste menoscabo de sus funciones. Utilizar plataformas públicas como espacios de propaganda populista y politizar el museo es a todas luces un dislocamiento corrupto y perverso de las instituciones culturales. El museo, eso sí, es un campo altamente político.
Los directores culturales deben ser elegidos por concurso público
A contrapelo de lo anterior, los museos de Guayaquil dependientes del entonces Ministerio de Cultura -MAAC, Nahim Isaías y Presley Norton-, volvieron a encauzar sus objetivos primigenios, a cobrar sentido y receptar audiencias ávidas de conocimiento y nuevas formas de aprender frente al confuso, violento y caótico mundo que vive la ciudad. En el corto lapso de dos años y ocho meses, con pocos recursos y déficit de personal especializado, bajo la batuta de la gestora cultural Stephanie García, se volvió a realizar exposiciones curadas por expertos a través de las cuales se creó y difundió nuevo conocimiento, se entrenó mediadores de gran nivel, se realizaron talleres experimentales para jóvenes artistas, y se incorporó sistemáticamente al visitante de a pie y al de las comunidades vecinas. Puertas adentro se puso énfasis en la conservación parcial de las viejas instalaciones de los tres centros y en el manejo adecuado de reservas. García, junto a su gran equipo, transformó los recursos públicos en programas y proyectos, ejecutó el 95 % del presupuesto y lo complementó con gestión externa.
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Le faltó tiempo para consolidar lo iniciado; se le pidió la renuncia por no servir las actuales necesidades electorales de este gobierno. Lo de siempre: borre y va de nuevo. Por ello discrepo con que las autoridades de las instituciones culturales del país deban ser de libre remoción; se trata de cargos que requieren de profesionales de larga experiencia, probidad y criterio (pocos en el país); que no se presten a jugar el juego del gobierno de turno. Las direcciones y subdirecciones de museos de arte, centros culturales, bienales de arte o cine, deben ser cargos por concurso público, donde se valore la propuesta de una programación rigurosa y sostenida en el tiempo, basada en el capital humano, financiero y logístico con el que cuenta tal o cual entidad.
La Cultura y la Educación son capitales simbólicos únicos e irremplazables en la conformación de sociedades libres y con criterio propio. Desafortunadamente este fundamental reconocimiento está fuera de la mira de este conservador gobierno, economicista e inmediatista.