Pero los buenos somos más
Criticamos la doble moral y corrupción, pero pagamos coimas, plagiamos tesis, usamos ChatGPT y fingimos enfermedades. Somos responsables de lo que nos quejamos

Si queremos combatir y eliminar la corrupción de la que tanto nos quejamos, debemos empezar por ser honestos nosotros mismos.
Robamos luz y, cuando podemos, también el agua. Nos llevamos lo que sea: desde pedazos de papel higiénico hasta sobrecitos de estevia. Nos comemos las uvas del supermercado y se las damos a nuestros hijos para que vayan aprendiendo. Pero los honestos somos más.
Usamos tragedias para enriquecernos: en algún feriado bancario compramos certificados al 40 % y luego los revendimos al 100 % de su valor. O en alguna pandemia robamos medicinas de hospitales públicos y luego las contrabandeamos a precio de diamantes. Pero los caritativos somos más.
Ecuador
Ecuador figura entre los países con mayor percepción de corrupción en América
Flor Layedra Torres
Alteramos pesas de productos, declaraciones de impuestos, medidores de servicios, fechas de elecciones, conteos de votos… Usamos los chats GTP que evidencian nuestra mediocridad, y mentimos sin rubor sobre nuestras autorías: plagiamos libros, pruebas, clases, discursos, artículos, miles de tesis en decenas de universidades. Pero los íntegros somos más.
Solo vemos la paja en el ojo ajeno
Condenamos la corrupción del otro, la persecución del otro, la impudicia de tantos otros. Pero perdemos la memoria y nos cosemos boca, manos, ojos si quien las comete nos paga el sueldo. O la pauta. Pero los decentes somos más.
Justicia
Juez Christian Quito intentó escapar a Colombia pese a prohibición judicial
Gabriela Alejandra Echeverria Vásquez
Ordenamos exámenes para ganar comisión, alentamos operaciones para hacernos ricos, vendemos muestras gratuitas, recetamos pastillas cuyo mayor mérito es que nos hará conocer Cartagena o Cancún. Pero los dignos somos más
Coimeamos a los buitres que rondan nuestro esqueleto moral, y despotricamos contra ellos pues los ladrones siempre están allá. O falsificamos certificados, fingimos lesiones, tarifamos puestos públicos, amañamos concursos, inflamos burocracia con miles de pipones. Pero los honrados somos más.
Nombramos legiones de mediocres porque su mejor virtud es tener vocación de alfombra. Y elegimos a ineptos como ministros sólo porque son guapos, leales al ‘proyecto’, aduladores VIP. O porque publicaron un baboso tuit. Pero los patriotas somos más.
Nuestro dios es una estampa verde, nuestra religión cabe en un bolsillo, nuestra patria se nos acaba en la nariz. Mientras no nos toque, el mal no existe. Y dormimos supertranquilos con nuestras conciencias. Porque, a fin de cuentas, los buenos somos más.