MUNA: como siempre, la cáscara
La controversia por el Museo Nacional expone el desinterés de Ecuador por su patrimonio e identidad, cediendo ante la furia social y el debate superficial

Lo ocurrido con el concurso sobre el Museo Nacional (MUNA) es un ejemplo más de que el gran problema del Ecuador es el desprecio hacia el corazón de todo lo que nos rodea.
El concurso sobre el Museo Nacional (MUNA) terminó siendo una fiel representación de lo que nos empeñamos en ser: viscerales para atacar a las personas y desinteresados en conocer los hechos; rápidos para subirnos a tendencias que hacen carga montón; irrespetuosos con las reglas mientras pregonamos nuestra creída superioridad individual, sea como impolutos opinadores o novísimos expertos en arte. Pero, sobre todo, es un ejemplo más de que el gran problema del Ecuador no está en la atención a la cáscara sino en el desprecio hacia el corazón de todo lo que nos rodea.
Política
Museo Nacional (MuNa): Gobierno reabre concurso tras anunciar ganador y desata críticas
Rosero Mariela
¡Cuántos años pasamos con nuestra historia metida en archivos, tiempo durante el cual, con honrosísimas excepciones, a nadie parecía importarle que lo que debía ser la piedra angular de la identidad desaparezca de la memoria colectiva! En el debate nunca estuvo qué hacer con la muestra, cómo protegerla para evitar su destrucción y robo; no, nada de eso fue relevante en el ‘trending topic’ semanal. Como tampoco lo fue oponerse al ataque concertado que sigue buscando reescribir acontecimientos, satanizando el período colonial, para desaparecer la herencia de mestizaje y explotarla con fines políticos. Lo que debería llenarnos de orgullo por décadas se fue empequeñeciendo, volviendo irrelevante, como si el pasado que nos moldeó no fuera merecedor de ser mostrado.
Política
Gobierno rechaza diseño del Museo Nacional en Quito y reabre la elección ciudadana
Rosero Mariela
Y ahora, cuando al fin se decide invertir en dignificar lo que somos, la furia colectiva se desata. Estética aparte, gustos personales de lado, no hay nada más en ese movimiento de masas para tumbar el proyecto. Hay ruido: de unos, legítimos, que lo ven como una oportunidad desperdiciada para que la arquitectura sea en sí misma un atractivo turístico; de otros, impresentables, cuyo interés único es dañar reputaciones de personas técnicas, honestas y entregadas, y aprovechar la ola para dar golpes a sus adversarios. Lo cierto es que, en un par de semanas, cuando la moda termine, no veremos a casi ninguno de ellos arremangarse para crear algo que nos lleve a un mejor lugar.
En el país del yoísmo, edificar es difícil, pero construir sueños se hace casi imposible.