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Diario Expreso Ecuador

La importancia de descansar la importancia

Aprender a descansar la importancia y el ego es clave para un liderazgo flexible, evitar conflictos destructivos y construir un verdadero propósito común

Cuando confundimos nuestras convicciones con nuestra identidad, una observación se vuelve deslealtad, una discrepancia, ofensa y el protagonismo ajeno, amenaza.

Cuando confundimos nuestras convicciones con nuestra identidad, una observación se vuelve deslealtad, una discrepancia, ofensa y el protagonismo ajeno, amenaza.Generada con IA

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Este fin de semana hice un alto. Durante dos días, un grupo nos dimos el espacio de leer, conversar, respirar y hacernos preguntas sin la urgencia de llegar a conclusiones útiles. Fueron ejercicios filosóficos de la mano de Pablo Corral Vega.

Pablo compartió una historia que contaba su madre: “Había un señor tan, pero tan importante; un señor tan importante que, de cuadra en cuadra, tenía que hacer descansar su importancia. Se metía en un zaguán y descansaba la importancia”.

Imagen divertida, pero inquietante. ¿Cuánto pesa nuestra importancia? Hacerla descansar no significa fingir modestia, ni negar nuestro valor. Significa suspender esa agotadora necesidad de ocupar el centro, tener la razón, recibir reconocimiento, defender cada posición, imponer nuestra versión o convertir cada desacuerdo en una afrenta personal.

El reto del liderazgo en tiempos de egocentrismo

Muchos conflictos que parecen ideológicos son, en realidad, importancias que no han descansado. Cuando confundimos nuestras convicciones con nuestra identidad, una observación se vuelve deslealtad, una discrepancia, ofensa y el protagonismo ajeno, amenaza. Dejamos de escuchar y comenzamos a defender posiciones.

Quien ejerce liderazgo tiene mayor obligación de descansar su importancia. Una causa puede ser más grande que quien la encabeza y el liderazgo exige recordar que el propósito común está por encima del protagonismo. Escuchar, rectificar y apartarse del centro no disminuyen la autoridad, impiden que se convierta en vanidad.

El Tao Te Ching enseña que “lo tierno y lo flexible es discípulo de la vida”. Lo vivo se dobla, lo muerto permanece rígido. El ego también se endurece cuando siente que cambiar es perder, ceder es desaparecer y rectificar, humillarse. Solo quien no necesita demostrar siempre su importancia puede ser flexible.

Vivimos en un mundo que nos empuja a exhibirnos, opinar sobre todo y reaccionar de inmediato. Estamos agotados de sostener la importancia de quienes creemos que debemos ser.

Quizá nos convendría buscar nuestro zaguán. Dejar allí el cargo, el agravio y la necesidad de vencer. Recordar que no toda discusión necesita un ganador y que, a veces, ceder espacio es la forma más alta de liderazgo.

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