La oportunidad de Keiko
El mayor desafío de Keiko Fujimori será llevar la bonanza económica más allá de Lima; que las ideas liberales lleguen a todo el país, no solo a las élites

El Perú crecerá si recupera la confianza, destraba sus proyectos mineros, protege la propiedad privada y permite que el capital vuelva a producir empleo. Ese es el reto de Keiko Fujimori.
En su primer Mensaje a la Nación, la flamante presidente del Perú, Keiko Fujimori, pronunció un discurso que apuntala el orden y disciplina como eje fundamental de su gestión de gobierno.
Después de una década marcada por una frenética sucesión de ocho presidentes, enfrentamientos entre poderes, corrupción, improvisación e ingobernabilidad, la nueva mandataria ofreció método, disciplina, trabajo y una ruta clara. El Perú necesita un gobierno capaz de administrar, ejecutar y devolver estabilidad a sus instituciones.
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De la polarización a la estabilidad
Keiko llega al poder con una legitimidad frágil. Ganó con el 50,135 % de los votos, apenas 49.641 sufragios por encima de Roberto Sánchez. El resultado nos muestra un país divido. Por eso fue acertado que su mensaje tuviera un tono conciliador y evitara la arrogancia del vencedor. Su compromiso de gobernar cinco años, “ni un día más”, buscó disipar los fantasmas autoritarios asociados al apellido Fujimori y reafirmar su respeto por la alternancia democrática.
La orientación política de su gobierno parece definida por tres grandes ejes. Recuperación del orden, modernización del Estado y promoción de la inversión privada. La lucha contra la delincuencia, el narcotráfico, la extorsión y la minería ilegal ocupará un lugar central. No puede haber libertad económica donde los emprendedores pagan vacunas, los transportistas son amenazados y vastos territorios permanecen bajo el dominio de organizaciones criminales.
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En materia económica, el discurso combinó señales liberales con promesas sociales. Fujimori anunció la eliminación de regulaciones innecesarias, la digitalización de trámites y la disminución de cargas burocráticas. Propuso acelerar la inversión pública y privada en carreteras, puertos, aeropuertos, energía, agua y riego. El Perú crecerá si recupera la confianza, destraba sus proyectos mineros, protege la propiedad privada y permite que el capital vuelva a producir empleo.
Un desafío para la derecha ante la izquierda caduca
Sin embargo, existen señales que deberán vigilarse. El aumento del salario mínimo a 1.300 soles, el bono compensatorio para las pequeñas empresas, entre otros, pueden responder a necesidades legítimas, pero deberán financiarse sin romper la disciplina fiscal ni multiplicar una burocracia clientelar. Los salarios no crecen por decreto, crecen cuando aumenta la productividad, la inversión y la demanda de trabajadores. La política social debe proteger a quienes lo necesitan, no convertir al Estado en proveedor de favores.
El mayor desafío será llevar la bonanza económica más allá de Lima. Las ideas liberales no pueden permanecer encerradas en círculos empresariales, universidades o centros financieros. Deben llegar al campesino que necesita un título de propiedad, al joven que busca su primer empleo, a la mujer que abre un pequeño negocio y al poblador rural que espera una carretera para sacar sus productos.
Keiko tiene frente a si una oportunidad histórica. Su gobierno deberá demostrar que la derecha puede gobernar con eficacia, sensibilidad social y respeto institucional. Si en cinco años entrega un país más seguro, más libre, con mayor inversión, empleo y crecimiento, habrá hecho algo mucho más importante que consolidar al fujimorismo. Habrá cerrado el camino al regreso de una izquierda caduca que prospera sobre la frustración, la pobreza y el resentimiento.