La paradoja de la información
La automatización digital nos está exonerando, peligrosamente, de pensar por nosotros mismos, por eso la comodidad tecnológica amenaza el futuro de la humanidad

Antes nos tomaba una tarde entera investigar en la biblioteca; hoy ChatGPT responde en segundos.
Cuando era niño, es decir, hace muchísimos años, no solo que cualquier consulta escolar te enviaba a la biblioteca, por lo que debías salir de tu casa, tomar un transporte y llegar al establecimiento, sino que debías rogar para que tengan el libro correcto y, encima, que estuviese disponible, luego de lo cual debías copiar a mano las partes correspondientes y, así, llevarlas a casa y hacer tu trabajo (aunque lo podías hacer ahí mismo). Eso que te tomaba la tarde entera, hoy solo requiere un par de segundos para, haciéndole la pregunta correcta a Mr. Google o al profesor ChatGPT, puedas ‘investigar’ toda duda colegial. Es más, preguntas que para mis contemporáneos no tenían respuesta, como aquella de que si una serpiente se muerde a sí misma, se envenena o no, hoy no reviste ningún misterio. Ahora, no vamos a creer que la copia y hasta el plagio son defectos de las generaciones actuales, no, aunque se podría sostener que ahora es mucho más fácil, pero aquello también tiene un problema para el copión: la misma tecnología que le sirve para calcar, sirve para descubrirlo con muchísima mayor facilidad que antes, en que mucho dependía del conocimiento individual del revisor.
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Más información, pero menos conocimiento
El problema es que hoy, la tanta información disponible sobre los más diversos temas y con mucha profundidad, hace que la gente sepa cada vez menos. Y no me refiero a cosas que antes eran tan normales como aprenderse cómo llegar a tal o cual sitio, o memorizar números de teléfono, y tantas cosas más que actualmente están en el celular y que cuando se te queda ese artilugio en cualquier sitio, hace parecer que has perdido la mitad de tu cerebro. El problema es que como ya no tienes que memorizar desde recetas, hasta cumpleaños, parece que nos hemos exonerado de tener cultura general. Que hay abogados que confían sus demandas a la inteligencia artificial, que no es tan inteligente e instruida (aún), es algo por solucionar, y no me imagino si algún médico confía en ella para operar, aunque sí hay gente que cree que hace algo genial no yendo donde un galeno, sino pidiéndole al Dr. Internet la receta que le empeorará (o que le dirá que su dolor de cabeza es un tumor maligno). La tecnología, entonces, está convirtiendo cada vez a más gente en tonta de capirote, en desmedro del futuro de una humanidad siempre más cómoda.