Las madres
La maternidad moderna enfrenta una carga invisible: más exigencias y presión social, lo que afecta la libertad, bienestar y equilibrio de las mujeres

Para que le alcancen las horas para cumplir con ambas facetas, una madre tendrá que sacrificar la única dimensión que le queda, la personal.
Durante la mayor parte de la historia y en la mayoría de culturas, las mujeres estuvieron circunscritas a roles muy establecidos: tareas domésticas y de cuidado, ocupaciones productivas asociadas a estructuras familiares (por ejemplo, agrícolas) y, sobre todo, la maternidad. El esfuerzo por reivindicar sus derechos se centró en obtener igualdad formal y también protección contra los diversos tipos de violencia que han sufrido. Desde hace relativamente pocos años, llegamos también a un traslape en que las legítimas exigencias de mayor paridad se mezclaron con percepciones sociales de lo que significaba ser una mujer empoderada.
Más allá de importantes avances, estos procesos han encerrado una injusta trampa, pues los cambios también han exigido a las madres asumir obligaciones adicionales sin descargarse de otras. Así, mientras desarrollan sus carreras -con el esfuerzo que implica desde la preparación académica hasta la competencia por permanecer y promocionarse-, tienen la presión de mantener los más altos estándares de atención para sus hijos: académicas, sociales, extracurriculares, de salud (física, mental, emocional, con la dosis correspondiente de sobrediagnosticación de los niños) y mil etcéteras. Para que le alcancen las horas para cumplir con ambas facetas, una madre tendrá que sacrificar la única dimensión que le queda, la personal.
Los cambios culturales profundos que se requieren
El resultado al que hemos llegado es que nos limitamos a abrir puertas, pero sin cambios culturales más profundos, lo que ha significado también el cargar sobre sus hombros pesos enormes. Y, en el proceso, se ha perdido lo que era el objetivo de fondo: la libertad. La libertad de decidir el tipo de realidad que se quiere construir, de tomar decisiones sin juzgamientos o parámetros únicos, y de disfrutar de la maternidad en sus propios términos, con tranquilidad y felicidad.
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Gabriela Alejandra Echeverria Vásquez
Si hay algo que deberíamos hacer los hombres es asumir hasta el fondo de nuestro ser que la crianza va más allá de los fines de semana y que esa libertad perdida requiere de nuestro propio compromiso con el hogar para poder recuperarse. Sólo así podremos, de verdad, celebrar todo el año aquello que está por encima de nuestro género: ser madre.